Mientras voy dando lugar a la opinión de diferentes actores en las páginas de AlterEdu, hoy hago mi propio análisis del borrador que circula como proyecto de ley de «libertad educativa» (ver nota), algo que ya adelanté en el video en vivo que hice por Instagram (y que no quedó grabado).
Voy a enfocarme en la parte que toca a las alternativas educativas, es decir, los proyectos educativos no reconocidos por sus formas no convencionales y las familias que educan en casa, solas o junto a otras. En principio, creo que no hace falta una nueva ley nacional considerando que desde los ´90 vamos por la segunda. El problema no es la letra de las normas, es su incumplimiento, su defectuosa reglamentación y el abuso de poder de los funcionarios intermedios en la interpretación y aplicación. Y, en segundo lugar, como la educación es federal, de aprobarse las provincias podrían encontrar la forma de no adherir.
Lo más rápido sería lograr consensos en el CFE para que cada una habilite exámenes libres para quienes aprenden fuera del sistema formal oficial. Y que los inspectores y regiones autoricen a funcionar a los proyectos y escuelas que poco se parecen a las tradicionales, pero donde efectivamente se aprende (Waldorf, Montessori, Libres, Activas, Bosque, Reggio, Populares, Experimentales, Menonitas o como se llamen). La herramienta actual de la Ley de Educación Nacional que hubiera podido servirles para oficializarse a muchos proyectos alternativos comunitarios y cooperativos, las escuelas de gestión social, lleva 20 años sin reglamentarse en la mayoría de las provincias (ver notas).
Promesa electoral
El proyecto oficial es coherente con la promesa de campaña electoral de 2023 de «libertad de métodos, de contenidos y de proveedores» (ver nota). No voy a analizar el alcance de la propuesta de financiamiento porque es lo más complicado -que ni con las leyes actuales se maneja bien-, y porque no soy economista. Tampoco soy docente, (ya lo sé), pero sí soy usuaria del sistema y me considero experta en las realidades y problemas de las alternativas educativas de Argentina y la región durante la última década.
Por eso, me voy a limitar a marcar lo que es revolucionario de ese proyecto, porque admitiría a las alternativas que quieren estar dentro del sistema formal y dejaría en paz a quienes quieren educar fuera de ella, como las familias y grupos de homeschoolers. Vamos a analizar de qué manera las beneficiaría:
Los artículos clave
Art. 3. Dice que el Sistema Nacional de Educación se organiza en base a la libertad educativa, definida como el derecho de toda persona por sí o asociada con otros a enseñar y aprender conforme a sus propias convicciones, métodos y proyectos. Y en base al «pluralismo y diversidad educativa» que garantiza la coexistencia y reconocimiento de distintos proyectos, asegurando la igualdad de trato y reconocimiento jurídico.
Art. 5. “Las autoridades competentes del funcionamiento del Sistema Educativo Nacional deberán actuar conforme al principio de necesidad, subsidiariedad, razonabilidad y proporcionalidad, garantizando que toda medida regulatoria se encuentre debidamente fundada y guarde adecuada relación con los fines de la acción estatal establecidos en el presente título. Toda restricción al ejercicio de la libertad educativa deberá tener fundamento legal expreso, ser idónea, necesaria y proporcional para la consecución de fines constitucionalmente legítimos, sin afectar la esencia del derecho reconocido en este artículo”. Y agrega que en toda interpretación de la ley deberá prevalecer la solución más favorable al derecho de la libertad educativa.
Art. 27. Reconoce los «Planes de Estudio Propios» distinguiéndolos de los jurisdiccionales obligatorios.
Art. 31. Dice que cualquier institución de Educación Básica tiene derecho a adherir a planes de estudio propios ya aprobados en la misma jurisdicción sin necesidad de nuevo trámite. Es decir, si ya hay una escuela Montessori o Activa o Bosque en tu provincia, es sólo adherir al mismo plan de estudios sin tener que argumentar o elaborar uno nuevo.
Art. 37. Dice que todas las instituciones de Educación Básica tienen autonomía institucional y pedagógica. Es decir, forma de gobierno, métodos y espacios físicos.
Art. 40. Dice que toda denegatoria de reconocimiento oficial de un proyecto educativo deberá ser fundada mediante decisión escrita que exprese las razones de hecho y de derecho en que se sustente, y será susceptible de recurso administrativo. Contra la denegatoria o dilación injustificada podrá interponerse ante la justicia federal. Una herramienta de defensa para los proyectos que esperan años el sello oficial.
Art. 43. Reconoce las «formas alternativas de enseñanza«. Sería legitimar algo que viene pasando desde hace décadas en la región y el mundo, que cae de maduro y que está amparado por los derechos de los niños y las familias, además de la evidencia y la diversidad educativa permitida en otras regiones del mundo. Son: la educación en el hogar, la híbrida y a distancia, incluso con instituciones radicadas afuera (hoy conocidas como academias sombrilla).
Art. 44. Las formas alternativas se organizan libremente, sin más restricciones que las derivadas del orden constitucional y leyes vigentes. Con elección de métodos, ritmos, materiales y entornos. Se valida aprender fuera de aulas clásicas, sin grados, sin tener que construir oficina del director, secretaría o SUM cuando no se los necesita.
Art. 45. La validez de la formas de enseñanza alternativas se garantiza mediante la acreditación de los contenidos mínimos comunes. Para los que aprenden en el hogar, con exámenes periódicos o adscripción a escuelas.
Art. 58. Las instituciones educativas pueden adoptar planes de estudio ya aprobados para otras instituciones y dotados de validez nacional, comunicando su opción a la autoridad jurisdiccional. No haría falta romperse el coco argumentando para el funcionario de turno: se comunica adhesión a un PEI afín y ya está.
Art. 66. Los aprendizajes adquiridos en la educación No Formal pueden ser acreditados dentro de la educación Formal conforme a mecanismos de validación establecidos por las autoridades competentes. Esta es quizás la parte más revolucionaria del proyecto, un remix de Illich, Holt, la Academia Khan, Rousseau y algunos pensadores desescolarizados más actuales: todos educamos, todos aprendemos, todos distinto, no importa dónde.
Oposición sin fundamentos
Luego de conocerse el proyecto, las críticas en los medios masivos y las redes sociales se centraron en dos puntos: un supuesto corrimiento del Estado al equiparar el financiamiento a las escuelas no estatales y el «peligro» de la educación en casa. Lo primero podría ocurrir, teniendo en cuenta que ni siquiera con una ley vigente se cumple el mínimo de 6% del PBI para el financiamiento educativo (leer una nota acá). El mito del homeschool es simplemente eso, un mito, que la mayoría de los periodistas, docentes, padres y especialistas en educación que jamás lo han visto de acerca contribuyen a demonizar.
En primer lugar, en los países donde es legal, los niños, niñas y adolescentes en ese régimen no llegan al 2 o 5 por ciento de los que están en edad escolar. Es muy difícil y comprometido dirigir personalmente la educación de tus hijos. En segundo lugar, en esos países tienen el control y el apoyo del Estado, con sistemas de exámenes, presentación de portfolio de evidencias, inscripción y chequeo en escuelas zonales, beneficios impositivos, vouchers o pases de transporte y servicios culturales igual que el resto de los estudiantes de la escuela formal. Es decir, no son considerados desertores, sino parte del sistema público nacional. Con herramientas legales y económicas que permiten a familias y maestros crear fácilmente charters (público-privadas), cooperativas de homeschool, microescuelas y academias virtuales habilitadas para menores de 18 años.
¿Que todo eso puede funcionar mal? Claro, igual que puede funcionar mal el sistema educativo convencional. Sin embargo, suele ser al revés por una cuestión lógica e intuitiva: las personas que educan contra la corriente suelen formar comunidades unidas y efectivas porque buscan una educación superadora a la propuesta masiva. De hecho, hay cifras que muestran que estas opciones son elegidas por familias de clase media baja, que son las que generalmente tienen menos acceso a la educación de calidad.
La cohesión social
El otro gran fantasma que convocan sus detractores (insisto, sin jamás haber conocido familias así) es el de la falta de socialización o cohesión social que otorgaría solamente la escuela. ¿De verdad creen que en 2025 es la única o la mejor forma de compartir valores de convivencia comunes? ¿Hablan de éxito los suicidios por bullying, el ausentismo y el abandono, las grietas políticas y sociales, la violencia, el vacío de sentido y disfrute que la escuela causa a muchos, sin que la mayoría pueda entenderlo o expresarlo, porque no conocen otra opción? Otra vez, las evidencias indican lo contrario. Salvo casos extremos de aislamiento o abuso, como los hay en familias que mandan a sus hijos a la escuela, en general la socialización de niños y adolescentes educados fuera de la escuela es rica, variada, multiedad y mucho más genuina.
Una vez, medio en serio medio en broma, me atreví a sugerir que el fútbol genera mucha más cohesión social que la escuela y puse como ejemplo las multitudes que salieron a las calles después del triunfo en el último mundial. También recordé otra gran contradicción actual, donde el valor de la diversidad es una bandera unánime. ¿Por qué no molestan las minorías sexuales, religiosas, étnicas pero enerva y asusta que porcentajes bajísimos de personas en el mundo elijan opciones educativas que no son parte del mainstream? ¿Por qué nuestras formas de consumir (comida, ropa, consumos culturales, etc.) son menos cuestionadas que nuestras elecciones educativas? ¿Si hay que prohibir el homeschool, por qué no prohibimos el consumo de azúcares y procesados que están aumentando la diabetes y obesidad infantil, la publicidad y exceso de pantallas que afectan a los menores de edad?
En este sitio tenemos una sección dedicada a la educación en casa: https://alteredu.com.ar/category/homeschool/. Te invito a consultarla para sacarte los prejuicios.
Las fotos son parte del archivo fotográfico del espacio de aprendizaje Tierra Fértil, que fundamos un grupo de familias en Beccar (provincia de Buenos Aires) en 2013.





El debate sobre la «libertad educativa» como solución para los desafíos que enfrentan los espacios de aprendizaje alternativos y el homeschooling es crucial. Estos modelos surgen precisamente de la necesidad de ofrecer una educación más personalizada y flexible que el sistema tradicional.
Un proyecto legislativo bien concebido no debería centrarse en regular el qué se aprende, sino en garantizar la calidad y el reconocimiento de las trayectorias de aprendizaje de estas comunidades. Es fundamental crear un marco que apoye la diversidad educativa en lugar de limitarla.
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