Libertad educativa: ¿trampa o alivio para los Hogares Marentales?

Por Marcela Gomez Vizzoni (vive en Catamarca y fundó «Hogares Marentales Argentina»)

En medio del acalorado debate sobre la llamada «Ley de Libertad Educativa», los análisis suelen polarizarse defendiendo a capa y espada lo público o con la fascinación liberal del mercado. Sin embargo, quienes sostenemos la crianza en ausencia del progenitor —las jefas de lo que llamamos Hogares Marentales— miramos esta discusión desde una trinchera distinta: la de la supervivencia diaria.
Al analizar la letra chica de las reformas que circulan, es inevitable sentir una contradicción vital. Por un lado, la promesa de «libertad» esconde trampas peligrosas de desfinanciamiento; pero por otro, el sistema rígido actual nos ha fallado tantas veces que la idea de «flexibilidad» resuena, paradójicamente, como un posible alivio. La «modalidad híbrida» implica dejar de perseguirnos por el «presente» en la lista de asistencia para empezar a valorar los saberes adquiridos. Entonces, sería un gran alivio.
Es urgente desarmar este rompecabezas evaluando las ventajas teóricas y las contras prácticas, para proponer soluciones que no sean ni estatismo burocrático ni abandono de mercado.

La ilusión de la flexibilidad

Leamos lo que «suena bien». El proyecto coquetea con la educación híbrida y la flexibilización de la presencialidad. Para una única presencia reguladora en el hogar, empleada, ni que decir precarizada, sin redes de apoyo y con un progenitor ausente, la escuela tradicional —esa que exige asistencia perfecta, actos a las 10 de la mañana y retiro estricto a horario— así cómo está funcionando es una máquina de generar “culpa”, estrés, depresión, mala salud. Como si no fuere suficiente. Es una ilusión.
Si el sistema dejara de perseguirnos por el «presente» y se enfocara en los saberes adquiridos, sería un alivio para la carga mental. La posibilidad de gestionar trayectos educativos sin la amenaza constante de la «falta» podría devolvernos soberanía sobre un tiempo que no nos sobra.

Pero aquí termina la ilusión y empieza la realidad política. La reforma introduce la figura del Estado «subsidiario», es decir, un Estado que se retira y solo aparece cuando el privado no está.
Desde los Hogares Marentales decimos: cuidado. Ya lidiamos con la ausencia de responsabilidad del progenitor; no podemos permitirnos un Estado que se comporte como un deudor alimentario más.
Si el Estado se corre y declara a la familia como «agente primario y natural”, lo que en los papeles se llama empoderamiento, en nuestra casa se llama sobrecarga laboral no remunerada. ¿Quién va a gestionar el homeschool o la educación híbrida, con conectividad WiFi deficiente? ¿Nosotras, después de una jornada laboral de nueve horas para parar la olla?

La «libertad de elegir» se convierte entonces en una fantasía de clase. Elige quién tiene recursos, tiempo o una pareja con quién divide tareas. Para una jefa de hogar en la ruralidad donde no hay oferta privada para «competir», la retirada del Estado no es libertad: es abandono.

Ni rigidez expulsiva, ni libertad de mercado

Entonces, ¿qué necesitamos de verdad? No nos sirve la defensa nostálgica de una escuela que no contempla nuestras nuevas realidades familiares, pero mucho menos nos sirve un sistema de vales que mercantiliza el derecho de nuestras criaturas, si además la logística en cuestiones de viático y transporte no es asequible o no se cuenta con una real política de estado respecto del boleto estudiantil.
La solución es pragmática y política: flexibilidad con contención: sí a flexibilizar la tiranía de la asistencia perfecta que ignora nuestras contingencias logísticas y de salud, pero manteniendo la escuela presencial abierta, financiada y fuerte. Necesitamos que la escuela sea una red de contención real mientras somos empleadas que deben cumplir con la jornada laboral, no que nos cierre las puertas.

Educar para la vida

En lugar de desfinanciar, exigimos inversión en jornada etendida con modalidad de taller. Que ese tiempo en la escuela sea para aprender sobre la vida práctica, oficios, arte y educación emocional —clave para erradicar el bullying desde la raíz— y no meras horas de depósito.
También se necesita inclusión real: la rigidez no puede dejar a nadie afuera. Para las familias con niñas o niños con discapacidad, la «libertad de mercado» suele significar «derecho de admisión» encubierto. Solo un Estado presente garantiza la inclusión sin excusas.

La discusión no es «libertad vs. Estado». La discusión real es quién se hace cargo de los cuidados y la educación. Desde los Hogares Marentales exigimos un sistema que no nos suelte la mano: Ni Estado deudor, ni madres sobrecargadas. Educación pública, empática y de calidad. Esa es la verdadera libertad.

Contacto: https://www.instagram.com/hogaresmonomarentales.ar/


Información complementaria: “En Argentina, casi 9 de cada 10 hogares “monoparentales” son, en realidad, monomarentales: familias sostenidas por una sola mujer que cría, trabaja y resuelve todo lo que el Estado y el progenitor no asumen. Un informe reciente de Fundación SES y la organización “Las que cuentan” pone números a una realidad que se suele esconder detrás del ideal de la “familia tipo”. Según el estudio, más del 85 % de los hogares monoparentales están encabezados por mujeres y sólo el 36% recibe algún aporte del progenitor no conviviente. El 36,8 % no percibe directamente ni cuota ni transferencia estatal específica para la crianza. En términos económicos, las cuotas alimentarias mínimas impagas representan el 2,7 % del PBI argentino: un volumen comparable al de otros sectores productivos formales como la electricidad, gas y agua o la construcción. Y si se observa el cuadro más amplio, el trabajo de cuidados no remunerado (en su mayoría realizado por mujeres) equivale al 15,9% de nuestro PBI” (Fuente: Ecofeminita).

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1 Respuesta

  1. Pauli dice:

    Que importante y necesario es abordar y tratar estos temas en los sectores que se saben olvidados, como los hogares monomarentales!! Felicitaciones y a seguir visibilizando hasta que se le de la importancia que merece en la agenda de los que nos gobiernan