Escuelas sustentables: «Es difícil que funcione algo vivo y dinámico en un sistema rígido como el que proponen los gobiernos latinoamericanos»

La próxima escuela sustentable estará en Brasil, dentro del ámbito de la ciudad de San Pablo. Se sumará a la Red Internacional de Escuelas y Aulas Sustentables de Uruguay, Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú promovidas por Tagma, una asociación civil uruguaya que construye escuelas públicas sustentables en colaboración con el sector privado, el sector público, la academia y la sociedad civil.

Se financia con sponsoreo, donaciones y cursos de formación. Para construir cada una de las 9 escuelas que ya existen en 6 países de Latinoamérica, convocan voluntarios de todo el mundo que materializan un diseño ajustado a la permacultura y con materiales locales. Para decidir dónde se instalará, hacen un meticuloso trabajo de investigación y localización de comunidades educativas que ya estén en acción y que puedan sostener en el tiempo la experiencia. 

AlterEdu entrevistó a su coordinador, Martín Espósito, para hacer una evaluación general del programa y conocer cuáles son los pasos siguientes de la organización.

-Después de estos 8 años años , ¿qué evaluación hacen? Su trabajo parece estar centrado sólo en la arquitectura escolar, ¿o ponen también el foco ahora en lo que pasa dentro de esas escuelas, más allá de los edificios?
-La intención siempre estuvo, de acompañar a los equipos educativos en lo que pasa dentro. Siempre estamos observando eso, y vemos lo difícil que es sostener esos procesos internos que queremos promover y provocar: la educación ambiental, el trabajo colaborativo y la integración con la comunidad. Cada escuela construida recibe manuales, formaciones y experiencias para los docentes, pero nuestra conclusión grande en estos últimos años es que estamos haciendo pilotos en un sistema que no está preparado para recibirlos. Y eso pasa en cualquier país. Sentimos que no hay posibilidad de que tenga éxito en este modelo de gestión que proponen los gobiernos latinoamericanos en general.
Promovemos una educación más situada, más pensada en las condiciones locales y apoyada por la comunidad, que tenga un sustento en sus valores y fortalezas. Y de repente tenés un sistema educativo que te renueva el personal de un año para el otro sin ningún tipo de criterio ni búsqueda de continuidad o apoyo a ese proyecto educativo que se está desarrollando.
Hay que aclarar que nosotros siempre vamos a hacer pilotos, construyendo las excepciones, que tienen un fin demostrativo. Queremos mostrar cómo se puede aplicar la perspectiva local, ambiental y social en las escuelas públicas. Les damos herramientas legales, financieras, de organización, de cómo integrar contenidos nuevos. Pero nosotros no vamos a ir a salvar a nadie, ni a mostrarle a un grupo cuál es el mejor camino, porque no hay mejores caminos únicos o bien claros. Pero sí podemos dejarles un conjunto de tremendas herramientas a las comunidades educativas que ya están pasando por procesos similares y que necesitan impulso, porque es algo bien difícil.

-Vos vivís en Uruguay, ¿es también el sistema educativo así de reacio?
-Sí. Acá muchas veces directamente prefieren pelearse contra la excepción porque les cuesta mucho más entender. Hemos tenido intentos de sacarle la sustentabilidad al edificio porque no daba la energía suficiente, cuando lo que hacía falta era que podaran los árboles frente a los paneles solares. A eso se suman jerarquías duras que no le dan tampoco la potestad a los docentes y a las direcciones para tomar decisiones y poder involucrar a los padres de otra manera más fluida.
Es decir, hay un montón de condiciones que hacen que no pueda funcionar algo vivo y dinámico en un sistema rígido, que siempre ve repercusiones negativas.

-En Concordia, el año pasado el gobierno de Entre Ríos le quitó el apoyo a la Escuela de Formación Agroecológica (ESFA), con la que Tagma había construido un aula sustentable. ¿Creés que eso es un ejemplo de un sistema rígido?
-Sí, creo que ahí hay mezcladas varias capas, conflictos de interés, políticos, de las regulaciones, de lo lentos que son los procesos, de la organización y su búsqueda de crecer y generar más espacios. Pero sí, podría haber un sustento mucho más fuerte desde la institucionalidad para nosotros. Deberían encontrarse los intermedios para que siga funcionando una institución que está aportando valor. Cuando reconocés algo que podría funcionar solo, ¿por qué no le das alas?
Pero Mariana Acosta (ver nota acá) es una luchadora y va siempre para adelante.

-El encuentro que van a hacer con Germán Doin en Abril en Uruguay, ¿tiene que ver con esa necesidad de acompañar y transformar a las personas desde adentro para que estos cambios sucedan? (ver datos al final de la nota)
-Sí, va un poco por ahí. El sentido del encuentro es trabajar con docentes en la perspectiva del desaprender, sobre la frustración que tiene el ser docente hoy en un sistema que no te da mucha posibilidad de crecer, y que está desactualizado sobre lo que sería ideal llevarle a un niño o a un adolescente en un proceso educativo. Para nosotros va a estar muy buena esta perspectiva de empezar a explorar otras formas de acercarnos a los docentes y de ahí empezar a buscar soluciones nuevas en cuanto a lo que se ofrece en las escuelas.
La participación tiene costo para solventar nuestro trabajo, pero hicimos una invitación gratuita a participar a los docentes de nuestra red.

-¿Tagma trabaja en contacto con el área gubernamental de Educación en Uruguay?
-Sí, tenemos contacto con la gente del Plan Ceibal. Nos ofrecieron un espacio dentro del LATU (Laboratorio Tecnológico de Uruguay) para construir un laboratorio de inspiración al que puedan acceder docentes; el diseño y proyecto lo hicimos de manera participativa con ellos. Lo bueno del Ceibal es que, si bien está dentro del Estado, funciona como una agencia aparte con una dinámica diferente a la habitual de la educación pública.

-Claro, los gobiernos pasan pero el Ceibal sigue.
Sí, ya va por los 15 años. Dentro de la administración pública, tiene otras libertades, formas y búsquedas. Empezó con el plan de «una computadora por niño» cuando la brecha digital era un problema, y ahora se ha ido transformando a una institución que propone diferentes acercamientos y posibilidades. Tiene una gerencia más moderna dentro del Estado, digamos, y un pensamiento más moderno.
Nuestra primera interacción con Ceibal fue cuando nos llamaron para construir un aula dentro del CAF, el Centro Agustín Ferreiro, donde se capacitan los maestros rurales acá en Uruguay (donde se va a hacer la formación con Germán Doin).
Es interesante para nosotros como organización mezclarnos con una institución que viene innovando muchísimo, de referencia en Latinoamérica y el mundo.

-¿Dónde se va a construir la próxima escuela sustentable?
-En Brasil, pero en la categoría de lo que nosotros llamamos aula. Estará en la zona de San Pablo en un radio de no más de 2 horas del centro de la ciudad. Estamos preparando la convocatoria para que se postulen, trabajando con una organización de allá que se llama «A cidade precisa de vocé» y un estudio de arquitectura (consulta acá si sos parte de una comunidad educativa interesada en San Pablo, Brasil).
Como con las escuelas sustentables anteriores, buscamos siempre comunidades con una capacidad de autogestión fuerte, que ya hayan logrado sostener procesos alrededor de sus escuelas, que tengan la capacidad de pelear para sostener esos procesos, que ya esté trabajando en esto (sustentabilidad, cooperación, comunidad, saberes locales). Esto es algo que siempre buscamos, pero estamos redoblando el esfuerzo y realmente trabajar donde sabemos que se va a poder sobrevivir a pesar de la inercia de la institucionalidad educativa pública.

Más información sobre el retiro «Desaprender», organizado por Tagma y Germán Doin en Uruguay (hay descuento para quienes se anoten antes del 8 de marzo): http://www.somostagma.com/desaprender

Leé mis notas anteriores sobre las escuelas sustentables en Latinoamérica:
https://alteredu.com.ar/asi-son-las-nuevas-escuelas-sustentables-latinoamericanas/
https://alteredu.com.ar/inauguran-primer-aula-sustentable-en-una-secundaria-agroecologica-de-entre-rios/

Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

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