Regalemos más juego y menos juguetes (todo el año)

Estamos biológicamente diseñados para jugar entre los 0 y la pubertad. Los estudios de médicos, pedagogos y científicos lo dicen. También lo demuestran las escuelas, espacios de aprendizaje, casas o cualquier entorno donde niños y niñas tienen amplia libertad para elegir cómo pasar su tiempo: optan por desplegar el juego libre. Y el movimiento, estrechamente vinculado a él. En esa franja de edad, incluso, el juego es parte inseparable del aprendizaje.

Progresivamente, por desgracia, la cultura ha decidido quitarnos ese derecho con argumentos diferentes, adaptados a cada época o lugar. Convenciéndonos de que es símbolo de inmadurez, de retraso, capricho, falta de adaptación e, incluso, de enfermedad. Sin embargo, esta capacidad -porque eso es-, nos da destrezas que nos preparan para la vida adulta, aunque seamos intolerantes a ver el juego con esos lentes. Acelerar la madurez a la fuerza es un triste síntoma de nuestra época: el árbol no crece tirando de las hojas, decía un pediatra.

Por eso, en la fecha de exacerbación del consumo infantil por excelencia, les deseo que puedan ofrecer a sus hijos o niños y niñas cercanas más juego y menos juguetes. Algunas ideas para hacerlo realidad en la vida cotidiana, durante todo el año:

  • Cuando elijan jardín o escuela, pregunten por el tiempo de juego libre y movimiento no dirigido disponible cada día. Me refiero al juego sin dirección de adultos. Por supuesto, mirado y cuidado, pero con iniciativa de los pequeños como guía.
  • Especialmente si van mañana y tarde a la escuela, exijan que no les den tarea para el hogar. Ningún adulto consideraría beneficioso llevarse trabajo a casa después de una jornada laboral extensa porque necesita descansar, conectarse con su familia y con actividades de la vida diaria que también son formativas e importantes.
  • No hace falta sentarte a jugar por horas para alentar el juego libre. La mayoría de las veces se trata de acompañar en un espacio físico, adecuarlo, despejarlo. Ofrecer un ambiente relajado y estar ahí.
  • Los pares para jugar son indispensables, los juguetes no. Invitar a jugar a casa, encontrarse en la plaza o en el barrio, son ideas fabulosas y simples. Los pares no necesariamente deben tener la misma edad, aunque sí es cierto que en el rango cercano el juego se parece más. Igual, el juego multiedad enriquece el desarrollo de todxs.
  • Sobre los juguetes. Si pasan o han pasado tiempo conviviendo con niños y niñas, saben que los mejores son los objetos que no fueron diseñados como tales. Utensilios de la vida cotidiana, cosas de la naturaleza, de descarte, lo que algunos llaman material no estructurado, son imanes de atracción para la mayoría. La genia de mi hermana Consuelo, mamá de tres, tiene siempre bien provista su «caja de materiales»: cartones, envases reciclados, lo que sea. Ahora, sus hijos valoran y piden esos materiales cuando la caja se va vaciando.

Si les interesa saber más, aprender a propiciar el juego cuando cuesta, armar clubes de juego en su comunidad o grupos de estudio teórico y práctico, no dejen de consultar a mi «juególoga» favorita, Virginia Blaistein. Pueden repasar la entrevista que le hice acá: https://alteredu.com.ar/2020/03/03/disociar-el-juego-del-aprendizaje-y-dejarlo-para-el-recreo-es-danino/. O consultarla directamente por acá: https://www.facebook.com/FLOR.DE.JUEGO / flordejuego@gmail.com

Guada Boado juega a reciclar bien en serio con @la_residuoteca

Imagen de portada: dibujo de Frato en la Ciudad de los Niños, Rosario, Argentina.

Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

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