¿Por qué las familias eligen las escuelas e impulsos Waldorf en Argentina?

En los años ´40 del siglo pasado, la escuela Rudolf Steiner fue la primera en instalarse en Argentina, en la zona de Florida del conurbano bonaerense. Más allá de ciertos aspectos estéticos y metodológicos inconfundibles, para reconocer una escuela Waldorf conviene leer el texto de 2016 del Foro Internacional de Pedagogía Waldorf/Steiner (también conocido como «Círculo de La Haya»), que revisó y ratificó las “Características esenciales de la Pedagogía Waldorf” a modo de «guía vinculante para el movimiento educativo a nivel global». Que, explican, «fueron formuladas para que sean válidas de modo general y puedan ser complementadas con características culturales específicas para su uso en las escuelas de cada país en concreto. Su propósito consiste en dar impulso y reforzar la diversidad e individualidad, así como la disposición al desarrollo».

Esta vez, para mostrar al mundo Waldorf elegí dejar hablar directamente a las familias que forman parte de estas escuelas o impulsos, como llaman a las propuestas no formales o escuelas en proceso de formación. A todas les pregunté tres cosas: cómo y por qué llegaron a esa escuela o impulso, qué es lo que como madres y padres valoran positivamente y qué es lo que les gusta a sus hijos o hijas.

Ana fue alumna en la primaria en una escuela de Villa Adelina, provincia de Buenos Aires, y cuenta que «las características de mi hija menor nos impulsaron a volver». Valoran «el cuidado del campo anímico y emocional, la enseñanza a través del juego, la presencia del mundo espiritual en la cotidianeidad y la valoración y conexión con la naturaleza». Sus dos hijos aprecian «la libertad, el gran parque para los recreos, que se puede correr,
el estilo de enseñanza más relajado y ordenado, que no haya tarea en exceso y estar con amigos».

Florencia también es ex alumna de una escuela Waldorf en Martínez, provincia de Buenos Aires, desde sus 4 años hasta graduarse. «Mi madre buscaba una educación para mí que tuviera en cuenta contenidos más allá de lo intelectual. Una amiga suya conocía a las maestras que iniciaron la escuela, y así llegamos. Fui parte de la tercer camada de egresadas de la escuela», recuerda. Hoy su hijo de 9 años va a esa misma escuela desde el jardín. «Además de lo que mi mamá buscaba para mí, encontramos una coherencia, conciencia y respeto por el desarrollo individual de cada persona, no sólo físico, sino también emocional y espiritual», explica. «Yo valoré siempre el respeto por el tiempo que cada unx necesita, y la importancia del arte y los oficios como orfebrería, alfarería y carpintería en la secundaria. Siento que mi hijo valora mucho que todo contenido sea transmitido con todos los sentidos, sin híper-intelectualizarlo todo».

Un aula de la escuela Perito Moreno

Josefina llegó a la misma escuela de Martínez a través de su suegra, que tenia una amiga cuya hija es maestra allí. «Nosotros ya estábamos buscando pedagogías alternativas, y esta era en ese momento la escuela que nos quedaba más cerca. No había en ese momento escuelas libres ni Montessori que tuvieran también primaria», relata. Lo que más valoran como padres es «el espíritu de comunidad; el foco que se pone en lo que necesita anímicamente, más allá de lo pedagógico; la forma de enseñanza; el trato amoroso de la comunidad educativa; el vínculo que se forma con los maestros, que los acompañan durante toda la primaria, y con los tutores, que lo hacen durante toda la secundaria; la ausencia de libros de texto: ver los cuadernos de los chicos es un verdadero placer. Me gusta el foco en lo artístico y en el trabajo manual a través de materias como labores, carpintería, huerta, escuela. El conocimiento que les dan del mundo, acercándoles en cada grado una cultura diferente, y el aprendizaje a través de los sentidos. No es lo mismo que te muestren un mapa que confeccionarlo con arcilla. Siento que los niños no aprenden, sino que «aprehenden», interiorizan y hacen suyo el conocimiento», describe. A su hija de 9 años le gusta «no tener que cambiar de maestra como en las escuelas comunes», mientras que a la de 12 le gusta «poder ir con mi ropa y no tener que usar uniforme ni guardapolvo». El mayor, de 15 años, valora «tener más libertad de expresarnos; que nos muestren muchas religiones y no solo una, como en los colegios parroquiales; tener libertad para tratar diferentes temas en la escuela, y que son muy abiertos en temas de salud, adolescencia y temas sexuales».

Carla y familia llegaron a «La morada del limonero» en Resistencia, Chaco, construyéndola. «Eramos un grupo de 3 personas que buscábamos una educación diferente y que, navegando entre la pedagogía Waldorf, la Montessori y Pedagogía 3000, finalmente nos decidimos por la primera», explica. «¿Qué valoramos? Elegimos esta escuela cada día que pensamos si todo el trabajo que hacemos para sostenerla vale la pena. Y cada día la volvemos a elegir.Si bien estamos desde el inicio de su gestación, seguimos eligiendo la pedagogía Waldorf, y cada vez más, porque amplía la mirada en todos los aspectos de la vida del ser humano. Y porque cuando uno verdaderamente profundiza en ella, se da cuenta de que todo lo que pueda parecer dogmático al inicio, en el fondo tiene un sentido, un profundo sentido para el ser humano», precisa. «Personalmente, también la elijo porque la construcción autogestiva es de lo más verdadero que vi en mi vida, algo lleno de dificultades y diversidades que en verdad son oportunidades para mirarnos al espejo y preguntarnos a nosotros mismos: ¿de verdad te interesa el otro? ¿de verdad respetás las diferencias? ¿de verdad priorizás a la infancia? Y otras tantas preguntas que surgen del camino interior que uno puede hacer en este viaje. También la elijo porque es a partir de la Antroposofía que comprendo el verdadero significado de la libertad y de la espiritualidad, y porque no excluye a nadie que verdaderamente quiera ser parte. La sigo eligiendo porque veo en mis hijos a lo largo de los años, y en mí misma como madre, las transformaciones que pueden suceder, y porque hay un gran trabajo de conciencia y auto conciencia de los adultos, padres, madres, maestros, que ellos absorben y perciben. Aprenden desde la vivencia, no desde ideas moralistas que puedan quedar en la palabra. La elijo porque promueve que cada uno se supere a sí mismo cada vez, que crezca individualmente, pero en el trabajo en comunidad. El trabajo social que se genera es de lo más enriquecedor si logramos traspasar las propias barreras que a veces nos colocamos sin darnos cuenta. La elijo porque considero que la educación debe ser un ida y vuelta entre el hogar y la escuela, es necesario un diálogo y un acompañamiento desde ambos lugares. La elijo porque busca respetar cada ser, cada etapa, cada particularidad, ¡y podría seguir enumerando razones! A mis hijos, sobretodo al más grande (de 8), le gusta todo. En la escuela todo le entusiasma, vuelve contento de todo lo que hacen y aprenden, aún cuando son poquitos, porque la primaria está dando sus primeros pasos. Nunca le pregunté específicamente qué le gusta de su escuela, pero uno puede notarlo. Por supuesto que hay días grises, y son parte de la vida, y también les damos su lugar». Carla termina: «Ojalá en algún momento las escuelas Waldorf puedan ser reconocidas por lo que verdaderamente son y pueden llegar a ser, con todos los matices que la vida de cada lugar y cada comunidad puede ofrecer. ¡No hay ninguna igual a otra!».

Pablo es papá de dos hijas de 7 y 4 años, y junto a su compañera Victoria forman parte de la comunidad de la escuela «La Semilla», de San Carlos de Bariloche, desde 2018. «Llegamos a Bariloche en 2017, y en un viaje previo a la mudanza visité de escuela sabiendo de su existencia por las redes sociales y en búsqueda de la pedagogía Waldorf para la formación de nuestras hijas. Habíamos tenido un primer acercamiento a la pedagogía en Rosario, ciudad de la que somos oriundos, pero en su momento por falta de cupo, nuestra hija mayor, terminó asistiendo a otra propuesta pedagógica. Desde esa primera visita me enamoré del entorno y del amor con el que las maestras nos trasmitieron los fundamentos de la pedagogía: la importancia de los ritmos, el contacto con la naturaleza, el bosque…», evoca. «Ya en Bariloche, rápidamente la escuela se transformó en parte de nuestras vidas. El ver crecer a nuestras hijas, conectar con sus compañeros y compañeras, ver cómo iban adquiriendo nuevos conocimientos, los cuentos, las rondas, las canciones, los ritos de paso, la fiesta de los farolitos, todos los acontecimientos nos fueron acercando cada vez más a la escuela y sin querer, o sin pensarlo, a la Antroposofía, a sus fundamentos, y, sobre todo, a vivenciarla. La escuela se transformó en parte de nuestras vidas, nuestro hogar. Empezamos a querer involucrarnos cada vez más para aprender, para compartir, para construir». Sobre sus hijas, me cuneta que «sin dudas, lo que más les gusta es estar en la escuela. Es su espacio, su mundo. Estar con sus maestras y maestros, sus amigos. Sus rondas, cuentos, salidas, actividades. Aman su escuela, la extrañan, y lo que más quieren es volver a habitarla».

Paula tiene un hijo de 2 años y 8 meses que va al jardín Maternal Waldorf «Río Dulce» de la ciudad de Villa Constitución, en Santa Fe. Llegó allí «por una búsqueda personal con la Antroposofía y la pedagogía Waldorf, ya que soy maestra de grado y estaba buscando alternativas a lo que impone la educación tradicional». «Lo que valoro positivo del espacio es que son pocos niñes, hay un mayor respeto acerca de la individualidad de cada une, y la calidad de los desayunos que le brindan no están en otros jardines. El trabajo con la sutileza y la contemplación de lo que mi hijo necesita verdaderamente. Disfruta mucho de los cuentos, canciones y rimas, del tiempo de juego libre. Y es una continuidad de nuestra casa, entonces no lo siente como otro espacio en el que pasan cosas diferentes», remarca.

María Gabriela me cuenta que su hija venía de repetir cuarto grado en un colegio bilingue de la ciudad de Pilar, donde vivía en ese momento. «Ese año me separé y sentí que ese colegio no la contuvo. La cambié a ella y a mis otros tres hijos a otro, pero ya había tomado la decisión de ir a vivir a la ciudad de Buenos Aires venir por cuestiones económicas. Ya teniendo referencias sobre el Juana de Arco, mi hija hizo 6to. y 7mo. grado ahí.
Hoy tiene 21 años y el mejor recuerdo de ese colegio, sigue viendo a sus ex compañeros y suele hablar también con su querido maestro Pablo».

Gabriela está en Rosario. «Mi mamá había hecho un taller de confección de muñecas Waldorf en Rosario y recibió un flyer con la invitación a una charla para empezar a sembrar la semilla de un jardín waldorf. Fuimos con mi compañero, nos contaron un poco, nos compartieron el ritual del cuento de hadas y quisimos que nuestro hijo viviera eso cada día en un jardín. Esto fue en agosto de 2012, y el el 30 de julio de 2013 abríamos el jardín con 13 niños fundadores», me cuenta. «Lo que nos gusta es la observación del maestro al proceso del niño y la valoración del esfuerzo de cada momento, porque la mirada no está puesta en el resultado. La disposición del maestro al trabajo en grupo por un sano desarrollo del niño en reuniones conjuntas con los padres, la pediatra y los apoyos terapéuticos que el niño pueda tener fuera de la escuela. Eso no abunda y es algo que nosotros como familia vivenciamos. La posibilidad del trabajo social, de ser parte activa de la construcción de la escuela, verme reflejado en el otro y poder trascender mis sombras y crecer, mejorar como ser humano. Mi compañero siempre dice: «aportamos por dos niños que van a la escuela y en realidad vamos cuatro», y hasta los abuelos han trabajado poniendo canaletas». Sus hijos disfrutan «los rituales, nos traen canciones y momentos que quieren ritualizar en casa. Les gustan los cuentos narrados por los maestros y el juego en el patio con sus amigos: correr, treparse, saltar, embarrarse».

Para conocer las opciones educativas en Argentina, incluidas las escuelas e impulsos Waldorf, mirá esta guía: https://alteredu.com.ar/2020/07/08/guia-argentina-de-alternativas-en-educacion-y-redes-de-apoyo/

También podés leer la entrevista que le hice a Alejandro Rasnovsky, maestro, profesor y formador de maestros en el primer profesorado Waldorf, Perito Moreno: https://alteredu.com.ar/2020/04/15/nos-tomamos-100-anos-para-fortalecer-el-modelo-y-el-gesto-que-viene-es-tratar-de-concebir-la-pedagogia-waldorf-fuera-de-la-escuela-porque-el-sueno-de-steiner-era-generar-un-cambio-social/

Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

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4 Respuetas

  1. maximo dice:

    seria interesante Dolores que investigues las escuelas e impulsos educativos fuera de la mirada de baires. En el interior es otro país a nivel educativo…

    • Lo hago, si ves el historial de notas vas a ver de distintos lugares. Esos que ves en esta nota son los testimonios que me llegaron, y las preguntas las mandé a las redes de todo el país. No es la falta de mirada, son las limitaciones de mi trabajo y no puedo obligar a nadie a darme un anota. Por otra parte, encantada de recibir notas tuyas si podés mostrar esas distintas perspectivas. Me interesa mucho. Gracias por leer!

  2. Galbi dice:

    Pues yo tendría bastante cuidado en qué jardín meten a sus hijos.
    La «filosofía» de un chalado que se dice clarividente… hmmm nada bueno puede salir
    Tiren de éste hilito:
    http://charlatanes.blogspot.com/2012/08/

  3. María Soledad Gregorat dice:

    Totalmente inconforme con la escolaridad tradicional
    Soy docente en ambos niveles.