Pedagogía teatral: escenas para que la educación viva ocurra

Por Emiliano Vega López*

En nuestra escuela decimos que no enseñamos para dejar en claro que no damos clases regulares de materias a lxs niñxs. Continuamente nos preguntamos, entonces, nosotrxs y las familias, ¿cómo es que van a aprender estxs niñxs con acompañantes que no enseñan? Aquí va un intento de respuesta.

Lxs niñxs aprenden imitando e imaginando. Entonces, hay una parte que la determina el entorno, del cual lxs niñxs toman los movimientos, sonidos y demás cosas de las que intentan apropiarse. Por otra parte, cada unx tiene una capacidad individual de imaginación y creación, y estas dos se interrelacionan y se definen mutuamente.

Un ejemplo. Que aprendan los números va a depender del uso que lxs adultxs de la escuela, acompañantes y familias, hagamos de los números, porque ellos nos van a estar imitando. Si en la comunidad hay quienes hacen cálculos con lápiz y papel, eso va a ser una escena que lxs niñxs pueden llegar a copiar. Si todxs hacemos las cuentas con el teléfono celular, esa es la escena que les ofrecemos. Creo que otro de los factores es la autenticidad. Que yo haga la escena de escribir números en un pizarrón, cuando no tengo necesidad ni motivación personal para hacerlo, brinda una escena artificial, como cuando vemos una obra de teatro y no les creemos nada a quienes actúan.

El entorno les brinda un aprendizaje casi teatral. Hay un escenario, objetos, diálogos. Lxs niñxs, en gran parte, están en un rol de espectadores de toda esa teatralidad, que después imitan a través del juego, agregándole sus colores.

¿Queremos estimular la lectura? Brindemos escenas en donde lxs adultxs leemos, para nosotrxs o para otrxs. Con tener el objeto libro en nuestra casa o escuela no alcanza del todo, porque es parte de la escenografía. Hasta que alguien lo hace parte de la escena. Podemos brindarles escenas en donde nosotrxs escribimos en nuestro cuaderno. De nuevo, si sólo escribimos en un celular o en una computadora, les estamos brindando esa escena para que imiten, y entonces en vez de pedirnos papel y lápiz, nos van a pedir el celular.

Desde hace un tiempo, durante la jornada tengo un cuadernito cerca y escribo lo que voy pensando, algo que antes hacía en el celular. Cada tanto, algunx me pregunta: “¿qué estás escribiendo?” Entonces, hablamos un rato. O me dicen “dibujá una estrella y mi nombre”. Yo lo dibujo, lo miran, me miran, y siguen con lo que estaban haciendo. Después, en otro momento, teniendo espacio y tiempo disponible para imitar jugando, agarran un papel, dibujan una estrella y escriben su nombre. O el de otrx, como pueden.

Lo que lxs niñxs aprendan va a depender en gran medida de las escenas que las familias y acompañantes les brinden de manera auténtica. En materia emocional, que es donde ponemos gran parte de nuestra atención, sucede lo mismo. ¿Qué escenas les brindamos? Su inteligencia emocional depende de esas escenas, porque aunque no tengan aún desarrollada plenamente la empatía, las escenas que imitan y con las que juegan pueden ser empáticas si lxs adultxs se las brindamos.

Con la música, igual. A mí me gusta cantar, y tengo los recuerdos de mi abuela Carmen cantando tango en la panadería. Lo mismo con mi viejo cantando rock o boleros. O la escena de la primera vez que escuché a mi abuelo Pepe cantado tango en un casette que tenía dos canciones. Son recuerdos muy teatrales. Mi gusto por cantar, ¿tiene que ver más con esas escenas? ¿O con lo que me enseñaron de audioperceptiva en el Instituto? Yo no tengo dudas.

La invitación para lxs adultxs es a ser creativxs con la teatralidad de nuestras vidas, y a ser conscientes de que lxs niñxs nos ven, nos aman y nos imitan. Y para ejercer su cuota de responsabilidad en la imaginación y creación, necesitan espacio y tiempo disponibles. Si nos dicen “me aburro”, puede que les falten escenas nutritivas para imitar, u otrxs niñxs con quienes jugar, o que se desconectaron de su participación creativa por falta de espacio o de tiempo. O de ambos.

* Emiliano tiene 33 años y es uno de los fundadores e integrantes de la escuela viva «El Salto», que desde 2019 acompaña familias con niñxs de 3 a 7 años.

Para conocer más sobre la Escuela Viva El Salto: https://www.facebook.com/elsalto.lagopuelo /
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Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

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