En Mendoza, Buenos Aires y Chubut, cinco familias eligieron educar sin escuela

Silvana, Rubén, Sofía, Romeo, Blanca, Juan y Simón. Punta del Indio, La Plata, provincia de Buenos Aires.

«Mi nombre es Ivana Vallenari. Soy mamá homeschooler desde hace 10 años y además me dedico al marketing y gestión de instituciones y proyectos educativos, además de asesorar y acompañar familias que están incursionando en la educación en el hogar. Con Rubén tenemos cinco hijos: Sofía (11), Romeo (9), Blanca (7), Juan (4) y Simón (2).

Vivíamos en la ciudad de Buenos Aires pero hace 6 años nos mudamos a un lugar mas tranquilo donde poder criar a nuestros niños en otro entorno. Ahora estamos en una reserva de biósfera ubicada a 100 km. de La Plata.
A lo largo de este tiempo modificamos mucho nuestra rutina y nuestra forma de educar en casa. Las situaciones cambiaron, la familia se agrandó y por ende nuestras actividades fueron mutando. En un comienzo, como la gran mayoría creo yo, replicábamos un poco el sistema educativo por el simple hecho de que nosotros fuimos formados de esa manera, además de ser el único método conocido. Incorporamos mucho sobre la pedagogía Waldorf y Steiner porque en un principio gestamos un espacio en el lugar donde residíamos en aquel momento. En medio de aquel impulso fue que conocimos, por medio de una mamá, el «homeschooling». Nos informamos con lo poco que existía en aquella época. La mayor parte de la información estaba en inglés y nos llegaba de los Estados Unidos, lugar donde nació el movimiento desescolarizador de la mano de John Holt. Conocimos a una familia norteamericana que vivía en Buenos Aires y comenzamos a frecuentarnos, y a través de ellos con otras pocas familias que implementaban este tipo de educación. Muchos lo hacían en inglés y con un curriculum extranjero.

Como Sofía tenía apenas 2 años, no había apuro. La obligatoriedad de la escuela primaria, los contenidos curriculares, los exámenes y la certificación todavía estaban muy lejos. Decidimos intentar el nivel inicial desde casa, mientras nos íbamos informando, leyendo mucho, capacitándonos a través de videos, tutoriales y cursos. Encontrándonos con familias, intercambiando recursos, cambiamos lentamente nuestra manera de ver la educación. No existían los exámenes libres como ahora. Sí estaban las escuelas extranjeras con sus programas a distancia, pero no nos interesaba certificar porque nuestra hija no tenía ni seis años. La familia norteamericana que conocimos vivía en Palermo, así que hicieron lo posible para que sus hijos pudieran acceder a rendir en la escuela primaria estatal que estaba a unas cuadras de su casa. Así fue como la Escuela 20 fue la primera que abrió mesas de examen libre en CABA para las pocas familias que llevábamos adelante esta práctica. Con los años se fue abriendo a toda la ciudad, con un colegio asignado por cada distrito escolar. Sin embargo, eso también nos trajo sus desventajas: la inscripción requería la presentación de más certificados y la corrección de las pruebas se volvió más rigurosa, entre otras cosas. Hoy la cantidad de familias está aumentando exponencialmente, y las escuelas están más colapsadas en noviembre y febrero, cuando se rinde.

Así fuimos abriéndonos paso, sorteando obstáculos y miradas dudosas de las personas que desconocían la educación en casa. Muchos creían y siguen creyendo que se trata de algo ilegal, que los chicos están aislados y no socializan. O que uno decide hacer esto porque no tiene otra cosa en qué ocupar el tiempo y por eso nos podemos permitir estar con los niños las 24 horas al día. Sin embargo, yo creo lo contrario. Los niños están encerrados en un aula. La educación sin escuela no ocurre todo el tiempo entre cuatro paredes, sino que implica salir al mundo, conocerlo sin filtros, experimentar la realidad, contactarse con lo verdadero y no aprenderlo a través de un manual. Educar en casa es enfocarse en cada niño, en sus necesidades, en sus capacidades y potencialidades, para que pueda incrementarlas y llegar a desarrollarse acorde a sus intereses y ritmos. Significa aprender en familia, porque nadie enseña verticalmente una lección, sino que todos aprendemos y todos enseñamos algo. Es tener conversaciones, debatir, intercambiar opiniones, leer críticamente, respetar el pensamiento individual. Implica vincularnos con otras personas pero no sencillamente estando con otros pares, sino desarrollando la capacidad de relacionarse con cualquiera, brindando las herramientas necesarias para lograr resolver un conflicto, expresar los sentimientos, construir una sociedad mejor.

La cuarentena a nosotros no nos ha afectado, educativamente hablando, ya que hacemos lo mismo de siempre. La diferencia es que no salimos».

Pueden leer un artículo publicado por Ivana en su sitio.

Carolina y Mateo. Martínez, Provincia de Buenos Aires.

«Nuestra familia está compuesta por Mateo, de 8 años, y por mí. Soy puericultora y acompañante de niñes en un espacio de aprendizaje autodirigido. Todos nuestros días son distintos y esto, para nosotrxs, es lo más lindo de educar sin escuela. Las actividades de Mateo son variadas y todas tienen que ver con sus propios intereses. Sus nuevas preguntas y todo lo que le despierta curiosidad es lo que va marcando el camino y dispara distintas actividades, salidas, experimentos, investigaciones. Mi trabajo afuera de casa es independiente y me permite ir acomodando los horarios. Mateo rinde libre la primaria, este año rendirá tercero, por eso seguimos el programa correspondiente a dicho grado y siempre empezamos con los preparativos pasada la segunda mitad del año. Además, estudia inglés.

Lo que más nos gusta de esta forma de educar y aprender es la autogestión y la libertad. El proceso de adquirir conocimientos y experiencias desde el entusiasmo y no desde la obligación. Como madre me emociona ver a mi hijo cómodo, liviano, gozando. Matu dice que no hay nada que le cueste de este camino. A mí, como adulta, a veces me cuesta lograr el equilibrio entre mis deseos y los de él. Hay días que tengo un montón de energía disponible y otros en lo que necesitaría más back up, y ahí es clave recurrir a la red de sostén (amigas, familia). No estoy con su papá y vive a muchos kilómetros de nuestra casa, motivo por el cual quien esta todos los días y acompaña las actividades de Mateo, soy yo, de lunes a viernes. Eso más todo lo que lleva la organización de un hogar, controles pediátricos, trabajo, etc., hace que cada tanto me resulte más difícil. Las tareas domésticas y de cuidado del niñe y del hogar siguen estando en mayor medida a cargo de las madres. La carga mental y tanta logística a nuestro cargo, a veces se siente densa. ¡Sería tema para otra nota! 

Nuestra experiencia de convivir nos está sirviendo mucho para vivir esta cuarentena, hace que el ambiente se sienta regulado y en armonía. Mateo sabe autogestionar su juego y administrar su tiempo libre. Nos vamos acompañando. Jugamos a juegos de mesa, leemos, hacemos cosas de la casa, miramos alguna película, tenemos encuentros virtuales con amigues y familia y seguimos escuchando las inquietudes de Mateo. Se extrañan las salidas al sol y el paseo a la biblioteca del barrio. Todavía no, pero siento que en los próximo días voy a necesitar/extrañar algún espacio a solas sin niñe y en ese momento trataré de ser honesta conmigo y con Matu, y lo gestionaremos de alguna manera dentro de nuestro hogar. Las emociones y necesidades de Mateo también van a ir cambiando, estaré atenta a eso.

Me dieron ganas de compartir el recuerdo y una foto de un paseo que dimos el primer año que decidimos educar sin escuela. Me emociona verlo caminar con su brújula en la mano, dispuesto a explorar y a jugar, maravillarse con las mariposas y detenerse a contemplar la laguna.
Observar, tocar, oler, escuchar, sentir…de esto se trata la Educación Viva.
No me importa si este año aprende a escribir y a leer, o si lo logra el año que viene, o el otro. Me importa que descanse la horas que su cuerpo necesita, que juegue todo lo que quiera, solo y con otros niños, que se aburra, que se encuentre con su creatividad y se descubra. Moldearlo a mi gusto hubiese sido más fácil, lo juro, ¡pero no pude! Gritó tan fuerte que levanté la cabeza, lo miré a los ojos, dejé que rompa casi todas mis estructuras, me enfrenté con mis miedos, con los miedos de su papá y con los de mi familia.. Y luego de todo eso, con todo lo que eso implica, decidí acompañarlo en este proceso de aprender SIN escuela. Y mientras Mateo aprende, yo voy DES-aprendiendo, soltando creencias que adopté de algún lado y ya no me representan, porque nunca fueron creencias construidas por mí. Me las transmitieron, nunca las cuestioné y las repetí sin soplar como cuando se rinde un examen oral y lo estudiás de memoria.

Gracias hijo por la libertad de tu andar, soy tu aprendiz y vos mi revolución.
Comparto algo tan íntimo porque le puede servir a muchas familias, porque yo también necesité una red que me sostenga y me dé información para animarme a dar el paso. Sí, se puede.

José, Laura y sus dos hijos. Puerto Madryn, Chubut.

«Nuestro hijo mayor, hoy con 19 años, hizo toda su vida escolar dentro del sistema oficial menos tres años en los que estuvo en «Las Calandrias», una escuela para niños de 3 a 12 años creada por padres y madres. La secundaria la hizo completa en una estatal. El más chico, hoy con 12 y medio, nunca fue a una escuela «del sistema». Empezó a los 3 en Las Calandrias hasta los 7, cuando pasó a «Tierra de Infancia», otra escuela formada por madres y padres que nació «libre» y terminó fagocitada por las garras del sistema y la comodidad de las familias. Hoy es una escuela privada más.

Ambos proyectos son muy distintos. Calandrias no tiene ni PEI, ni director/a, ni pupitres ni aulas, y todos los chicos están integrados en un espacio común, tengan la edad que tengan. Sólo a veces, para temas muy específicos, se dividen en «grandes» y «chicos». Es una auténtica escuela libre y no tiene, ni piensa tener al menos por ahora, ninguna formalización. Lo único «tradicional» es que respeta bastante los contenidos oficiales del Ministerio de Educación. Tierra de Infancia, por el contrario, tiene todo lo que la ley manda. Y más. Lo único que no tienen es delantales y pupitres.
Ambas son privadas, se mantienen con el aporte de las familias y no reciben ni un peso del Estado.

Por motivos que no sé si vale la pena mencionar, nos fuimos de Calandrias en junio de 2014 y junto a otras familias formamos «Tierra» para iniciar el ciclo lectivo 2015. En esos meses «sin escuela» hicimos algo muy parecido al homeschooling. Fue el único momento en que desescolarizamos y fue un momento intenso de aprendizaje y de conocimiento familiar.
Con el más chico, que en este 2020 debía empezar su secundaria, pensábamos que íbamos a hacer escuela libre junto a otras familias (éramos cinco). El tema del papelerío legal y la burocracia no nos mueve un pelo, por eso queríamos armar un grupo de adolescentes de entre 13 y 16 años que se junte en las casas de cada familia y donde los «docentes» sean los propios padres y madres. Creemos más en la docencia que pueden hacer los maestros naturales, que todos tenemos mucho para aprender y para enseñar, todos somos estudiantes y docentes desde el nacimiento hasta la muerte. Sin embargo, al final, todos los chicos de este grupo de familias se decidieron a seguir en la escuela formal.

Luciana, Pablo, Alma y Azul. Saenz Peña, Tres de Febrero, Provincia de Buenos Aires.

«Nos dividimos horarios en casa y trabajo, sosteniendo la crianza alternadamente. Yo trabajo a la mañana en educación no formal y Pablo trabaja a la tarde en la educación formal. Alma va al espacio Ayni por las mañanas o puede optar por quedarse en casa. Algunas tardes desarrolla actividades de su interés: natación, piano y patín. Es socia de una biblioteca municipal del barrio y también elije tener días libres para invitar o ir a la casa de amigas. 
Preferimos el unschooling, no replicamos nada de lo que sucede en la escuela. Confiamos que si de pequeñas vivencian el tiempo necesario de contacto, movimiento, juego simbólico, vínculo con pares, encuentro con sus emociones, en un momento llega con mucha claridad el interés por aprender cosas específicas. Algunas son las mismas que se detallan en la currícula escolar oficial, esperadas para esa edad (aunque no sucede que se las espera a que aparezcan en la escuela). Y otras no están prediseñadas para ser «enseñadas» a niños ni adolescentes en toda su vida escolar.

Lo que más nos gusta de esta forma de educar es ser partícipes de su camino de aprendizaje. No volcar esta responsabilidad en otros ni que tenga que ser medido o estandarizado. No nos cuesta, pero es el intercambio: resignar tiempo para uno mismo para acompañar de este modo, como una inversión en el desarrollo saludable de la infancia de nuestras niñas.

En esta cuarentena estamos los cuatro 4 juntes acompañando las necesidades, trabajamos en casa de manera online. Como Alma nos ve más tiempo con las pantallas, entonces estamos habilitando un momento de cada día el uso de pantallas, compartiendolo con ella y utilizándolas como herramienta para cosas que elegimos o querramos hacer luego. Cocinamos, inventamos juegos, Alma elije leer mucho y hace videollamadas con amigas y familia.

Adriana, Raúl, Paz y Luz. Ciudad de Mendoza.

«Somos una flia de Mendoza que elegimos el homeschooling desde hace seis años. Esta forma de enseñar y aprender fue desde un principio la mejor alternativa educativa para nuestras dos hijas. Ellas empezaron con entusiasmo sala de 4 y 5 en una escuela privada aquí, en nuestra ciudad. La alegría se iba perdiendo con los años, y en primer grado, el pedido de no ir más a la escuela, que desde hacía dos años venía siendo por favor, adquirió escalas de llanto y de dolores de panza. Todo primer grado hablamos mil veces con la maestra y directora, pero claramente su forma prusiana y desconectada no acusaba recibo. Al terminar ese año, nos acercamos a escuelas públicas que estaban atiborradas de niños y maestras más desconectadas y cansadas, también recorrimos escuelas privadas y la poca empatía emocional nos espantó. 

Como empezaba el año y aún estábamos sin escuela, empecé a leer sobre una alternativa que hace años en la facultad había conocido por libros, el homeschooling. Se lo propuse a mis hijas y esposo y les entusiasmó. La consigna siempre fue que cada clase, que llamamos encuentro, no se transformara en una clase de escuela. Cambiamos el vocabulario, tenemos un calendario de festejos, aprendemos de los medios de comunicación, de la observación directa y de las materias comunes, que para nosotros son Temas. Le agregamos encuentros de biodanza, Tai Chi, huerta, cocina, filosofía para niños, educación civil y sexual, arte, etc. Y nuestro espacio de estudio no es sólo el hogar: también son los museos, bibliotecas, plazas, eventos y viajes. Pueden visitarnos en @educoencasahomeschoolingmza».

Luz cuenta cómo aprende en casa, en Mendoza.

Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

Tambien puede interesarte...

5 Respuetas

  1. Andrea Fretes dice:

    Hola! como estan? Acabo de encontrar el sitio; no sé si es por la emoción pero quiero que me cuenten sobre HOMECHOOLER; mi numero de celular es 3624162160 mi nombre es Andrea Celeste vivimos en Resistencia Chaco

  2. pablo dice:

    Hola, estoy ingresando en el tema del homeschooling y necesito obtener informacion al respecto de como empezar, mi numero es 2622 247414. Gracias!

  3. Cecilia dice:

    Hola! Estoy muy interesada en la modalidad homescooling. Me gustaría que me ayudaran a resolver de forma legal para que él próximo año inicie su educación. Estamos en una situación complicada ya que mi nene tiene Síndrome de Asperger y sufre literalmente con la obligatoriedad de asistir a la escuela. Muchas gracias.

  4. Eugenia Woods dice:

    Hola muy interesante hace años venimos buscando con mi hija como inicari rl homescholing dado que aprende mucho mas en actividades que organizamos en casa. Eso la llevo a querer rendir libre sus dos últimos años de secundaria es eso posible, me pueden ayudar como inscribirse donde rendir eetc. Muchas Gracias

  5. Sonia blanco dice:

    Hola la verdad que me gustaría poder darles a mis hijo otra alternativa de estudios , no llendo a la escuela y haciéndolo desde casa … Me encargaría de que tenga una buena educación, sin que deje de tener una vida social … Quisiera saber si es posible soy de la ciudad de Tandil prov: bs.as