Un profesor argentino rompe el tabú y propone la escuela voluntaria

Cuando lo conocí el año pasado, quedé fascinada con Raúl Alfredo Guevara. La primera razón es bastante subjetiva: era la primera vez que alguien me invitaba a dar una charla en una Universidad. Una outsider como yo hablándole a alumnos y profesores de la Facultad de Ciencias de la Educación, la de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, al sur de Buenos Aires. Alucinante. Amo la Universidad. Disfruté muchísimo mi carrera, aunque a hacer periodismo haya aprendido en otro lado. Como no es obligatoria, estamos los que queremos estar. Y eso genera un clima único, el que debería reinar en cualquier ambiente de educación formal.

La segunda razón de mi simpatía por Raúl es su osadía y su coherencia. Cada año, en el primer cuatrimestre, tira a sus estudiantes una consiga insólita para una facultad de futuros educadores: «Si la escuela es tan buena, ¿por qué es obligatoria?». Los críticos más radicales de la escolaridad forman parte de su bibliografía (Iván Illich y Pedro García Olivo, entre ellos). En sintonía con su propuesta, en sus clases no toma lista y sus evaluaciones son eminentemente formativas. Sin embargo, ese día que fui, el aula estaba llena. Les conté cómo muchas escuelas «alternativas» y familias desescolarizadas estábamos hackeando en todo el mundo los mandatos de esa escolaridad convencional.

Gracias a la pandemia, Raúl grabó un video para sus alumnos, que a su vez me sirve a mí para presentárselos a ustedes hoy. Fue maestro de primaria, profesor de secundaria, terciario y de Historia de la Educación en dos universidades, la UNLZ y la del Centro, alfabetizador de adultos, director del Centro de Investigación Educativa de Tandil. A Guevara su carrera lo animó a cuestionar el dogma con el que convive y a hacer una propuesta de vanguardia: crear dentro del sistema público de educación (estatal, privado y de gestión social) dos subsistemas, uno voluntario y otro obligatorio. El objetivo es que los docentes trabajen mejor con quienes quieren estar ahí.

No voy a contarles lo que propone porque quiero que vean su video, es corto y didáctico. «Por más que le demos vueltas, no hay forma de justificar la obligatoriedad con algún criterio psicológico, pedagógico, antropológico, filosófico, didáctico. Es un criterio absolutamente político«. Y un producto histórico, agregaría yo. «Propongo la voluntariedad porque está demostrado que no hay forma de que nadie aprenda de verdad por obligación», dice en su video.

Quizás haya un tercer motivo por el cual empatizo con Raúl. Como él mismo dice, le cuesta que sus hipótesis sean comprendidas por sus colegas. «Es muy difícil convencer de que la escuela no es un bien en sí a mis interlocutores, que suelen ser los productos exitosos del sistema», admite. Y explicar que se impone a unos menores de edad que no se pueden defender. O que en un sistema voluntario los profesores irían felices a trabajar porque tienen estudiantes que quieren aprender.

Después de ver este video, le pregunto si hay algo que haya cambiado en sus clases con las aulas cerradas por la pandemia. «Mis clases siguen siendo sin asistencia, pero está prevista la entrega de un trabajo semanal. Sin darnos cuenta pusimos vigilancia. A la tercera semana crujió el sistema y decidimos flexibilizar. El que no pueda entregar en ese plazo, reúne todo y entrega cada 6 semanas. Y el que no llega, lo hace después de que termine el cuatrimestre», me explica. Sobre la forma en que evalúa, me contó que su «modalidad de evaluación es la intervención del estudiante sobre los textos. Les pedimos que tomen partido, que comparen diversas posiciones o que ejemplifiquen desde su experiencia. No que reproduzcan lo que esos textos dicen».

Para conocer más sobre las ideas de Raúl Guevara, pueden leer dos textos donde habla, entre otras cosas, de otra de sus «especialidades»: la importancia de distinguir a una educación alternativa de una contrahegemónica. En este artículo publicado en la revista de educación popular «Para Juanito» o en el libro de distribución gratuita «Cristales. Manual para mirar el mundo social» (2012).

Guevara, a la derecha de la foto, con uno de los invitados a su cátedra, Pedro García Olivo.

Fotos: Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ y Raúl Guevara.

Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

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2 Respuetas

  1. 13 de abril de 2021

    […] lo veo yo, que defiendo la no obligatoriedad escolar desde antes de la pandemia (ver nota), la presencialidad optativa sería un avance evidente y hasta una cuestión de derechos humanos. […]

  2. 24 de julio de 2022

    […] al menos nos pagaran, me dijo Vito una vez. Si fuera tan buena, nadie se la querría perder, ¿no? (en esta nota hablamos una vez sobre la escuela voluntaria y se encendieron las […]