Pisa Pisuela ya es el primer jardín Montessori oficial de Comodoro Rivadavia (Chubut)

Después de ejercer la docencia en jardines públicos y privados durante 29 años, Natalia Corti Cocca decidió resetear su profesión. No dejó su vocación, sino la educación formal. Sabía lo que quería y lo que no quería en un ambiente para niños pequeños, así que fundó en Comodoro Rivadavia un espacio de talleres recreativos sin relación con el ministerio de Educación.

Hasta que un día, buscando libros en una biblioteca de la ciudad, encontró uno que hablaba de María Montessori. Quedó fascinada, buscó más libros y las formaciones que estaban a su alcance. Jamás había escuchado hablar de la médica y pedagoga italiana durante su profesorado de nivel Inicial.

Hizo el curso a distancia de IMI y la Universidad de Barcelona y sus prácticas en “Vuelta al sol” un jardín Montessori de Villa Ballester, en la provincia de Buenos Aires, que el año pasado dejó de existir. “De a poco fuimos adaptanto el espacio que teníamos según los tres pilares: el niño, el adulto y el ambiente. Sabiendo que el cambio principal lo tiene que hacer el adulto, para ver al niño desde otro lugar y estar dispuesto a deconstruir muchas cosas aprendidas. Porque no cualquier persona puede trabajar en un espacio así”, le contó a AlterEdu.

Hoy “Montessori Pisa Pisuela” tiene la primera Comunidad y Casa de Niños de Comodoro Rivadavia, una ciudad de la costa patagónica argentina mayormente dedicada a la industria petrolera. “Al principio, a mi equipo le intrigó mucho esta forma y dudaba de que fuera posible. Pero les fui contagiando mi admiración por Montessori y las fui formando, fue asombroso y conmovedor ver que las cosas funcionaban. Recibíamos a niños hasta 3 años, y fue un gran esfuerzo abrir la Casa de Niños para extenderlo hasta los 5”, aseguró. También fue un esfuerzo económico, porque tener tres salas de 18 niños sería mucho más rentable que lo que hacemos hoy”, explicó.

 

También contó que las familias locales o de otras provincias no conocían la pedagogía, salvo un par de niños que venían de otros países y algunas madres jóvenes que habían visto algo en sus redes sociales.

Escuela infantil oficial

En 2024 armaron el PEI, y así llegó la resolución que las habilita como escuela de educación inicial. Hoy ya hay 18 niños por la mañana, con dos guías y una ayudante. Y la misma cantidad esperan poder albergar por las tardes.

En Chubut se están haciendo articulaciones en lectoescritura en sala de 5, para lo cual se pide trabajar en conjunto con un primer grado. Por eso, como integrante privado de la educación formal, este año van a compartir instancias con la escuela más cercana. Cree que habrá interés en los materiales y la forma en que los niños de Montessori Pisa Pisuela empiezan a alfabetizarse con el método.

Jardín y familias por un mundo mejor

Le pregunto si a las familias les preocupa a qué escuela irán después de una experiencia tan diferente en la ciudad. “Mi respuesta es que a esta edad es cuando se construye la base de la persona. Es vital que aprendan a sentirse valorados, a tener alegría por aprender, a reforzar las habilidades de vida. Después se van a adaptar, porque la verdad es que los cambios son parte de la vida. Hay que tener resiliencia y habilidades más que saber mucho de algo, así que se van a adaptar a cualquier escuela”.

Como es importante que comprendan la filosofía educativa y vivencien ellos mismos cómo se presentan los materiales y se organiza el ambiente, Natalia organiza encuentros de crianza donde también combina sus conocimientos de disciplina positiva. Quisiera que los padres lo elijan por la propuesta, no sólo por su aspecto o porque sea novedoso”.

“Estoy convencida de que el mundo puede ser diferente, pero hay que hacer ese trabajo. Y aunque sean poquitas personas, son importantes, porque hay un efecto dominó. Hablamos de que queremos un mundo mejor, pero para eso tenemos que apostar a la infancia, ahí es donde está el secreto. En cómo les hablamos, qué palabras utilizamos para dirigirnos a ellos, cómo los acompañamos para gestionar las emociones. Acá desde chiquitos aprenden una vida cooperativa, el respeto por el otro, por sí mismos y por el entorno”.

Natalia destaca el compromiso de muchos padres, que acompañan el proyecto y se esfuerzan por replicarlo en su vida familiar. “En este tiempo muchos me cuentan que notan diferencias cuando llevan los chicos a la plaza, en cómo se vinculan entre ellos, cómo se cuidan y utilizan los juegos. O cómo se ponen la ropa y los zapatos con autonomía en los cumpleaños o las casas”.

Contacto: https://www.instagram.com/montessori_pisa_pisuela/

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