El aprendizaje-servicio se reconoce a sí mismo como un movimiento pedagógico integral y renovador. Una de las formas de reconocerlo es cuando sale una buena noticia sobre educación en los medios masivos de comunicación: los nenes de un jardín convierten un baldío en una plaza; los adolescentes de un secundario dan clases de tecnología a los adultos mayores del barrio; una escuela técnica ayuda a una cooperativa de autoconstrucción, una primaria de Tucumán fabrica un repelente con una planta nativa en plena epidemia de dengue, otra ayuda a reforestar zonas de incendios o los estudiantes de una universidad capacitan a abuelos cuidadores o personas con discapacidad.
El aprendizaje-servicio puede ser un proyecto que surge como iniciativa de uno o varios docentes, incluso de los estudiantes. O el sustento completo de un proyecto institucional a la hora de crear algo nuevo, o incluso si una escuela quiere cambiar de rumbo. Es una fórmula perfecta para darle sentido de realidad a los valores que tanto pregonamos y, a su vez, aplicar el conocimiento que se aprende en la escuela.
Durante el 27o. Seminario Internacional de Aprendizaje Servicio Solidario que tuvo lugar en la UCA el 29 de agosto pasado entendí que el aprendizaje-servicio es una forma de pedagogía activa, una bajada didáctica y ética del tan de moda Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Una forma de aprender haciendo en la que, además, Argentina es pionera. Si bien deriva de un movimiento que inició en universidades norteamericanas en los ´60, su versión vernácula salió de una reunión de docentes en el living porteño de la profesora María Nieves Tapia (directora actual del Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario -CLAYSS-). Uruguay y España tienen también una larga trayectoria.
Como dijo ese día el actual secretario de Educación, Carlos Torrendell, el aprendizaje-servicio es un enfoque pedagógico profundamente humanista. Cada vez más necesario en los tiempos que corren, agregó el ex ministro Daniel Filmus. Lo cierto es que esta forma de darle sentido al aprendizaje despierta cada vez más interés: había 966 inscriptos de Argentina y la región, la mayoría participando por primera o segunda vez del evento.
Otra de las cosas que aprendí es que desde 2003 existe dentro del Ministerio de Educación de la Nación -hoy Secretaría- un Programa Nacional de Educación Solidaria que brinda herramientas a las escuelas que siguen este camino y otorga un premio presidencial anual que les permite seguir capacitándose (más información, acá). Ese grupo, estable a pesar de la rotación poítica del Poder Ejecutivo, es el que logró incorporar el concepto dentro de la nueva Ley de Educación Nacional del año 2006.
Durante su presentación, Nievas Tapia fue muy clara. No se trata de ejercer cualquier acción solidaria dentro de nuestros establecimientos educativos. «Si la solidaridad no es inteligente, puede no ayudar a la comunidad. Se necesita que los proyectos sean buenos, que estén guiados por el conocimiento cientifico y, a su vez, la escucha y la flexibilidad suficiente para poder concretarlos». «El aprendizaje-servicio está entre medio del viejo modelo basado en aprender las normas y el nuevo de lo puramente emocional. Se sustenta en el ´modelo mariposa´ sugerido por el Consejo de Europa en 2018 para el desarrollo de competencias para la ciudadanía democrática», explicó.
También remarcó que, para ser completamente renovador y transformador, un proyecto o institución que trabaje con esta visión debe acompañarlo con la capacidad permanente de evaluar y reflexionar de sus docentes y estudiantes.
Mirá los posters con experiencias de aprendizaje-servicio en distintos países: https://miro.com/app/board/uXjVKzbjaMs=/
Descargá gratis el libro de experiencias editado por UNESCO: https://www.clayss.org/wp-content/uploads/2024/08/libro_unesco_web.pdf
Mirá los videos de las ponencias, plenarios y talleres del seminario de CLAYSS: https://www.youtube.com/@clayssdigital
Mirá los recursos y cursos de CLAYSS: https://www.clayss.org/

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