Una adolescente creó un juego de cartas para tener conversaciones reales sobre la escuela: «Siento que la honestidad sería el rol más sano del sistema educativo»

Tuve que buscar en el diccionario el significado de sempiterno, el adjetivo que nombra el juego de cartas inventado por Jimena Zurschmitten, que tiene 17 años y vive en San Jerónimo Norte, a 54km de la ciudad de Santa Fe: «Que durará siempre. Que, habiendo tenido principio, no tendrá fin».

Sempiterno sirve para «promover conversaciones reales entre estudiantes y docentes», dice el sugestivo slogan de su creación. Cuando me escribió para contarme, decidí llamarla para conocer su historia.

-La palabra «real» es muy significativa, ¿qué quisiste decir? ¿Sentís que la escuela se siente como un simulacro?
-Yo creo que las conversaciones reales son un poco las honestas, cuando alguien responde sin estar pensando en cómo reaccionan otros, sino en cómo me siento yo. Es sincerarse, es una comprensión mutua más que un cumplir. Yo siento que la escuela todo el tiempo tiene esa presión de cumplir, con ser útil, con funcionar, con responder a todos los los sectores: que los padres no se quejen, que los chicos no se quejen, que los docentes no se quejen. Está todo el tiempo intentando cumplir, y en ese camino de  querer cumplir, pierde la honestidad, que es lo más importante para aprender y para transmitir, para enseñar.
Eso es un poco lo que busca el juego, que las comprensiones honestas nazcan de los chicos, algo que puede desencadenar que los otros actores también puedan incluirse en esta honestidad. Siento que sería el rol más sano del sistema educativo. La idea es que el juego de mesa no funcione solamente como algo comercial, como una actividad más a cumplir en el aula, sino que sea realmente un autodescubrimiento como estudiante y como persona. Una conversación que marque tu experiencia como estudiante.

-Seguramente muchos chicos sienten lo que a vos te llevó a hacerte esas preguntas. ¿Pero cómo fue que se te ocurrió a vos?
-Me tomé el tiempo de buscar información, de preparar charlas para otras escuelas, porque me gusta hablar, porque soy muy inquieta y no tengo vergüenza. Pero hay un montón de otras personas que en mi curso o en otras escuelas, en el mundo, que tienen un montón de cosas para decir igual que yo pero que tal vez no encuentran el espacio. 

-¿Cómo son esas charlas?
-Hablo de la educación desde la mirada del estudiante, de las evaluaciones, la inteligencia artificial, los vínculos; un montón de cosas. Siempre dejo aclarado que esta es mi opinión, y que lo que busca puntualmente el juego es abrir las preguntas y no cerrarnos a las respuestas. Porque una de las cosas que yo más crítico del sistema educativo es que está todo el tiempo dándonos respuestas sin que nosotros nos hagamos las preguntas. Para nosotros es recibir información constante sin ninguna duda, ninguna intriga que nos impulse a querer saciarla, a querer descubrir qué está pasando.
Quisiera que cada vez haya más chicos con una opinión formada sobre lo que están viviendo en la escuela, que dejen de estar en piloto automático todo el tiempo y puedan tomar conciencia de dónde están, quiénes son y qué pueden hacer con eso.

-¿Cómo recibió tu escuela esta iniciativa tuya?
-Mi escuela es de humanidades y hay un montón de cosas de este estilo para reflexionar: tenemos filosofía, psicología, sociología, ruedas de convivencia, retiros espirituales (es católica). En el pueblo nos conocemos todos, los docentes nos conocen a mi familia y a mis hermanos, que también son muy inquietos. Entonces siento que nunca pedí mucho permiso para cuestionar. Hay algunos que les incomoda más que otros.

-Supongo que habrás probado el juego de cartas, y al estar circulando, ya tengas algún feedback de lo que genera.
-Mirá, cuando imprimí el juego me dieron una tanda de prueba, que es para testear cómo funciona el juego, el diseño. Así que lo llevé a diferentes escuelas y los chicos se re coparon. Yo creo que lo diferencial es que se los presenta un par. Se sorprenden más que nada por la novedad de ver adelante del aula a una como ellos, más un poco el encontrar que es un lugar dentro del colegio que no tiene reglas, que lo que busca es que vos crees las propias.
Una de las cosas más locas que me pasó fue que una chica de quinto año, más grande que yo, agarró una carta, la leyó y se largó a llorar. Estaba sola moderando en la clase, y me pregunté «¿qué hago?». Más allá del apuro del momento, me dije: está funcionando lo que estoy haciendo, tiene un sentido. Me da mucha tranquilidad interior ver que a alguien le llegó el mensaje, a los oídos correctos, saber que que algo removió en ella. 

-¿Viste o te contaron de cambios a partir de poner en juego tus cartas y sus preguntas?
-Mirá, como te decía vivo en un pueblo chico. Hace poco hice una charla abierta en la municipalidad donde se oficializó la venta del juego, y mis profes ya lo tienen todos en la mochila. Así que en mi escuela es común sacarlo y jugarlo cuando, no sé, sobran 15 minutos de la clase. Al principio costaba. Hay una pregunta del juego que es: «¿Qué te hace único entre todos los estudiantes?». Puede ser una pregunta densa para un lunes a las 8 de la mañana y queda el silencio, ¿no? Pero a medida que se fue jugando más se fueron ejercitando en ese silencio, y creo que ése es el avance que a mí más me importa. Que los chicos no se queden y que pueda funcionar para para mejorar la clase, y no solamente para la clase, funciona para un montón de cosas más, como la comunicación. El otro día jugamos con mi curso de vuelta y hay muchas manos levantadas. Tocó el recreo y todos se quisieron quedar, nadie salió al recreo.
A mí me costó entender que la educación es dar libertad, y dar libertad es dar elección. Y es algo muy lindo ver que eligieron esto que yo propongo.

-¿Alguna vez se te pasó por la cabeza buscar otra escuela, te dieron ganas de cambiarte?
-Acá hay solamente tres secundarias: las otras dos son especializadas en Química y Comercial. Yo hice desde jardín hasta ahora, está en media cuadra de mi casa y es donde tengo a mis amigas. Pero hubo un momento en que sí, me puse a investigar un montón, vi cómo es la educación en Finlandia y pensaba cómo podían implementarlo en mi colegio. En mi colegio están cansados de verme en Dirección planteando cosas para hacer, proyectos e ideas. Sí, hubo un tiempo en que me había obsesionado un poco con Finlandia, pero nunca tuve la oportunidad de tener eso cerca.

-Si pudieras fundar una escuela como te parece que los estudiantes necesitan, ¿cómo sería?
-Es una pregunta super fuerte, habría que replantear un montón de cosas y estructuras. Igual, no siento que todo lo que estamos enseñando sea inútil o no nos sirva. No podemos de repente crear generaciones que no sepan cómo conjugar, cómo despejar x; son cosas necesarias. No es el qué, creo que es el cómo. No nos está llegando de ninguna manera, estamos copiando y pegando. Es una pregunta que la tendría que masticar un montón de tiempo, pero empezaría por hacer una selección qué profesores elegir, porque al fin y al cabo el profesor es el que en esa hora de clase me tiene que que convencer de que lo que él está explicando es apasionante, es interesante, es curioso, que debo entregarle mi tiempo, ¿no? A mí me parece super loco que haya profes de 50 años, que nadie quiere su clase, pero en algún momento tuvo 20 y eligió esa carrera. Eligió salir de su casa e ir todos los días a estudiar eso, leer e investigar sobre eso, y hablar entusiasmado con su pareja sobre lo que le pasó ese día. En un momento fue un joven apasionado, ¿por qué no volver ahí? Si yo con 17 estoy más cerca de ese joven apasionado que de ese señor de 50 años que está dando la clase. ¿Por qué no volver ahí? ¿Por qué no cada vez que arranca el año los profes se presentan contando por qué eligieron su carrera, qué les apasionó, cómo se movieron? Porque si no, es un transmisor super frío: hago la prueba y me voy a casa. Y también deberíamos poner a otros transmisores, podemos incluir inteligencia artificial, tecnologías. Creo que el foco está en el cómo y no en el qué.

¿Qué te imaginás haciendo en los próximos años?
-Un montón de cosas. Una charla TED, que Sempiterno llegara lejos, a más adolescentes. Ir a contarlo a canales de streaming. También hacer un voluntariado, viajar, hacer un intercambio. Me gustaría también publicar un libro. Yo cuando tenía 11 publiqué dos novelas cortas infantiles, en pandemia. Después dejé de escribir un tiempo porque empecé el secundario y me empezó a dar un poco más de vergüenza y ahora estoy retomando. En mi mejor época, mi época dorada, me leía ocho libros por mes, un tomo de «Cazadores de sombras» en un día.

-¿De qué se trataban tus libros?
-Historias de dos amigas, Eva y Luna. Los escribí a los 11 para personas de 11. Yo siento que algo que une todos los proyectos que tengo es que siempre estoy pensando en la gente de mi edad, qué le sirve y qué necesita. En esa época sentí que los libros eran la forma de hacer que otros chicos pasen de manera más amena la pandemia, fantaseando un poco y sacándole la seriedad que tenía. Decidí hacer una historia donde el COVID era super masivo e infectaba a todo el planeta, entonces teníamos que ir a otras alternativas en otros planetas para pasar la pandemia. En esos viajes las dos amigas quedan separadas en diferentes planetas.

-Hablaste de lo importante que es elegir a los profesores, pero más desde la profesión. Se me ocurre preguntarte qué características personales pensás que deberían tener. Recién dijiste una que me parece importante: recordar lo que uno sentía a los 11 años, cómo se sentía ser niño o adolescente.
-Sí. También tenemos que hacer que ellos se sientan elegidos, porque el salario, el contexto que tienen tampoco los hace sentir elegidos, y al fin y al cabo nos afecta a nosotros. Creo que tienen que estar dispuestos a estar en constante aprendizaje, no necesariamente dedicando 25 horas diarias a hacer cursos, pero sí a escuchar. No decir «yo toda toda la vida di clases», sino por ejemplo: «¿vos cómo lo harías?». Creo que es importante dejar de dar por sentado algunas cosas, como por ejemplo que todos los alumnos estamos interesados en el tema que está dando. Que todos tenemos el tiempo que vos necesitás, que todos estamos concentrados en lo que me estás diciendo. Muchas veces uno está tan mal de salud mental que no no puede escuchar lo que dice el profesor, y eso es algo que no siempre se puede manejar. No es solamente empatía, sino también prestar atención al otro. Nosotros no estamos trabajando, ellos sí, y debería entender como una colaboración, no algo tan frío como que yo te doy clases. 
Quizás es muy de pueblo, pero hace la diferencia cuando estás medio bajón y y tu profe te pregunta si estás bien. Eso algo despierta. Hacernos sentir vistos dentro de la multitud de estudiantes. Entiendo que los profes están también en constante presión por cumplir muchas cosas, pero creo que el primer paso es la humildad de dejarse enseñar también.

-¿Quiénes están comprando las cartas de Sempiterno?
-Más que nada profes de manera independiente, porque por ahí a las instituciones educativas les cuesta eso de mover plata, es más complicado. Pero yo hice el juego para que más personas hablen de educación, porque hay una constante disconformidad, como que estamos todos incómodos. Los profes se sienten transgresores cuando hacen cosas nuevas, no tienen buen salario, los chicos están aburridos, los directivos están cansados, los padres, todos están en un ambiente muy tenso. De repente lo mío es una iniciativa positiva de decir: «che, probemos hablando». Probemos sacando un poco los prejuicios y  hablando, que al fin y al cabo es como la la solución más medieval que tenemos, que no tiene nada que ver con tecnología, es algo lúdico. Es volver a las cartas físicas, a guardar el celular en una cajita y encontrarnos cara a cara con las dudas y la incomprensión que tenemos.
Así que calculo que el juego se va a concentrar en instituciones educativas, pero no es solamente para eso. Puede ser también para una sobremesa con tu hijo. ¿Viste que muchas veces nos preguntan «¿cómo te fue en la escuela?». Bueno, es para hablar de cómo fue de verdad la escuela, cómo la estás pasando. O en una reunión de exalumnos, una charla con tu marido, en un recreo con tus amigas, en una plenaria o una reflexión vos solo. Es un poco como un ejercicio meditativo de pensar qué me está pasando y frenar un poco.

Contacto con Jimena: https://www.instagram.com/sempiterno_ok_/

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