Por Matías Knust Dragunski (director ejecutivo de la Fundación CIFREP)
El 21 de agosto pasado participé de la reunión de alrededor de 50 estudiantes entre los 14 y 18 años, además de profesores, de cuatro escuelas alternativas. La idea de juntarse nació desde la asignatura de Lenguaje, especialmente desde la unidad de comprensión de la realidad impartida por la Comunidad Educativa Peumayen Montessori. Los estudiantes la encontraron interesante y crearon un equipo de producción para organizar el trabajo y hacerlo posible. Martín, de 17 años, nos dijo: “Diego (un compañero) y Felipe (guía) nos reclutó a nosotros tres (Iker, Javier y Martín), e hicimos una lluvia de ideas para las preguntas del conversatorio. Así fue como nació todo”.
Se realizó una invitación a varias escuelas no formales que trabajan para y con adolescentes. Quienes acogieron la propuesta fueron la Escuela Montessori Casa Colibrí, de la localidad de Casablanca, el Centro Educativo La Comarca, ubicado en el Cajón del Maipo, y el Colegio Quillahua Montessori, de la comuna de Conchalí, Santiago, además del anfitrión Peumayen Montessori.

En un gran círculo de conversación, un espacio seguro, dirigido y propiciado por los y las adolescentes, las conversaciones fueron organizadas a partir de preguntas e inquietudes de los jóvenes. La propuesta fue dialogar sobre la realidad que viven como compañeros de escuelas multigrado, donde los estudiantes eligen sus proyectos de aprendizaje, en un diálogo intenso sobre el quehacer cotidiano en establecimientos educativos que tienen a Montessori como gran inspiradora y guía del proceso. También conversaron sobre su vida social y cómo muchas veces tienen que explicar por qué no usan uniforme, no tienen notas o deben dar exámenes libres.
“El aprendizaje es muy parcelado en el sistema tradicional, debemos aprender para avanzar hacia la sabiduría del mundo en el que existimos, no solo una para una prueba. Nunca encontré sentido al currículum parcelado”, señalaba en forma contundente una profesora de Casa Colibrí cuando me acomodaba en el lugar y buscaba un asiento libre. Comentaba también la facilidad de rendir exámenes libres en Casablanca. “Aplicamos Montessori, Waldorf, Piaget, y nos preocupamos de cada uno de forma individual”, dijo otra profesora.

¿Qué podemos mejorar?
Ante la pregunta “¿qué mejorarían de la Educación Alternativa?”, los estudiantes dijeron, por ejemplo, que “en exámenes libre hay preguntas que no hemos estudiado”, y que sumarían “más desarrollo comunitario, con salidas y encuentros como éste”. Un docente señaló: “Necesitamos más recursos, que el Estado entregue recursos, porque muchos adultos dedicados a las infancias estamos sobreviviendo”.
Una estudiante contó que “cuando me preguntan de qué escuela vengo, es un problema, porque la gente está muy desinformada y hay muchos prejuicios”. “Al decir Montessori, te degradan”, agregó otro. Es común escuchar desde las experiencias de estos jóvenes que existe un prejuicio sobre su participación en estas escuelas no formales o sin reconocimiento del Estado. Un ejemplo simple y cotidiano que viven a diario es la imposibilidad de poder optar a pase escolar en el metro o transporte público.
Ante la pregunta, ¿cómo te ha ido en el colegio?, contaron:
“Me gusta, ha sido una buena experiencia”.
“Siento que ha aportado mucho para la vida, nos aportamos entre todos”.
“Para mí fue un cambio mejor, mi segunda casa”.
“Llevo 11 años en el Peumayén. Aprendí a poder decir lo que sentía, que cada uno es único y puede opinar libremente”.
“Académicamente me gusta como es, me permite especializarme”.
“Es un entorno más familiar”.
“Resolvemos problemas entre todos”.

Un profesor señaló: “Trabajé 30 años en colegios públicos, había muchos recursos, pero no se observaba la importante que es valorar al de al lado”.
Al terminar el encuentro, donde todos pudieron participar y dar sus opiniones sobre la educación en general y la educación alternativa en particular, tuvimos una breve reflexión sobre el espacio donde se realizó, la ex “Casa Nido 20 Alberto Bachelet”, en la comuna de La Cisterna, Santiago. “Estamos en el ex Nido 20, un sitio de tortura que anteriormente había sido centro de operaciones del MIR”, explicó Javier, un estudiante de 17 años de Peumayen Montessori. Es interesante reflexionar cómo desde los cimientos de ese período oscuro de Chile, donde la educación pública y experimental sufrió todas las consecuencias del proceso de mercantilización de la educación, hoy es un sitio de reencuentro de nuevas miradas educativas.

Sala multiedad en Pumayen Montessori

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