En el Día Internacional de las Matemáticas, el colegio porteño Belgrano Day School recibió a dos referentes del departamento de esa disciplina de Ceibal, el organismo estatal y autónomo uruguayo que cumple 18 años al frente de la digitalización educativa en ese país. «Como independientes, podemos estar dentro y fuera del sistema educativo a la vez, con una mirada 360», explicaron Gustavo Bentancor Biagas y Paola Noguera Rosas.
La primera intención de «una computadora por niño» y el 100% de escuelas con banda ancha evolucionó hacia el aprendizaje personalizado con la asistencia de plataformas que incorporan inteligencia artificial. Desde 2022 hasta hoy se logró que cerca de la mitad de los 480 mil estudiantes uruguayos las usen en sus escuelas primarias y secundarias, tanto públicas como privadas, para aprender matemáticas. Esa usabilidad va de la mano del porcentaje de docentes formados, explicaron.
Con el objetivo de «aprender del futuro, no para predecir sino para imaginar y poder actuar», los referentes de Ceibal probaron distintas plataformas -incluso discontinuaron una que quedó desactualizada en desarrollo- y hoy usan tres: Matific en primaria, Aleks y Bettermaths en secundaria. El objetivo central es respetar los ritmos individuales de aprendizaje dentro del aula. El equipo comprobó que toma cerca de 5 años apropiarse completamente de una tecnología por parte la escuela, y constató en este tiempo que es posible que el modelo educativo tradicional conviva con el híbrido o digital cuando las prácticas de enseñanzas se transforman.

Detrás de estas prácticas está el marco teórico de la teoría de los espacios de aprendizaje de la psicología cognitiva, que integra lo que el estudiante conoce con las metas de la institución. El rol de la IA es conectarlas, creando una ruta de aprendizaje personalizada que reconoce lo aprendido y refuerza lo que hace falta. Así, en una misma sala, todos aprenden sobre cuadriláteros pero todos hacen cosas distintas en sus dispositivos.
Con la información que el docente ve de cada alumno en su panel de control, puede evaluar el avance instantáneamente, algo que le llevaría semanas hacer sin el apoyo tecnológico. Por su parte, el Ceibal hace su evaluación de usabilidad y resultados por escuela, un insumo que le permite al sistema tomar decisiones informadas.
Como referencias pedagógicas se mencionaron la gamificación y sus sistemas de recompensas, a María Montessori por el aprendizaje personalizado, a John Dewey por las pequeñas comunidades, a Seymour Pappert por la integración tecnológica significativa, a David Ausubel por el curriculum basado en proyectos y al movimiento de las microescuelas en Estados Unidos. La diapositiva de los expositores me dejó pensando: es por lo menos curioso que en Uruguay las escuelas con método Montessori y otras didácticas activas tengan dificultades para ser autorizadas por la ANEP.
Desafíos y oportunidades
«Sabemos que el uso de tecnología puede generar temores en los docentes, pero vemos alumnos más motivados», dijo Bentancor y contó sobre el caso de la medallista olímpica de Matemáticas. «La IA nos permite adecuar la enseñanza como indica la campana de Gauss, adaptándola a las distintas capacidades. A esta estudiante destacada le permitió avanzar a niveles superiores sin salir de su grupo de referencia escolar».
La preocupación de los Estados es, si se encuentran métodos exitosos, poder escalarlos. «Por eso nos ayuda la doble mirada de investigadores y docentes del Ceibal. Recorremos el país y vemos que una de las cosas más transformadoras es la apropiación de esta tecnología tanto por las familias como por los estudiantes, que reciben estímulos concretos para avanzar».
Entre los desafíos mencionaron la regulación equilibrada del tiempo de uso de pantallas, una política que decide cada escuela y que hoy se está planteando en varios países. También, superar el uso instrumental de las plataformas y usarlas como aliadas, no como sustituto, además de seguir profundizando la autogestión del aprendizaje. También, la limitación de las plataformas para acompasarse al ritmo de los avances y la dificultad para actualizar los contenidos dispuestos por cada Estado, un proceso que todavía tiene mucho de humano y, como tal, otra velocidad.
Si bien los datos recogidos por Ceibal muestran usabilidad de las plataformas por fuera de la escuela, algo que marca el entusiasmo de los «chiquilines», previo a la implementación se decidió que su mayor volumen de uso debería ocurrir en las aulas. El debate previo de los investigadores determinó que era importante ponerlas dentro del proceso central de la enseñanza, no como uso complementario o de tarea para el hogar.
Un caso argentino
El departamento de Matemáticas del colegio anfitrión también mostró el uso que le da en sus aulas a las plataformas tecnológicas para aprender Matemáticas: Mathletics, Century y Symbolab. La directora del nivel primario mencionó que la escuela usa alas virtuales desde hace 20 años, y que siempre ha tomado como referencia al Ceibal.

En primaria, las plataformas para aprender matemáticas se usan como uno de los recursos disponibles desde hace 7 años. El proceso para incorporarlas fue así: primero verificaron las necesidades del nivel, después examinaron las plataformas disponibles de distintas empresas y países e hicieron una prueba piloto. Luego capacitaron a los docentes y al año siguiente empezaron a usarla en las aulas.
En secundaria, el desafío es la limitación para adaptarla a los módulos de sólo 40 minutos, explicaron. «Tenemos que romper con eso de que todos avanzamos por igual, porque no es real», subrayó el profesor Matías Ávila. De las características más interesantes que destacó el equipo docente de este nivel fue que, después de la lección formativa, la plataforma ofrece un caso de aplicación en la vida real. Otra es que luego de la resolución analítica, el programa muestra una resolución gráfica vistosa y atractiva para los estudiantes.
Un dato relevante de este colegio fundado en 1912 es que tiene designado un director de Investigación y Desarrollo, Francisco Lehmann. Además, en estos últimos años incorporó ambientes Montessori en el nivel inicial (ver nota).
«El sistema educativo tiene una estructura inercial y retardataria, se cambia de forma institucional o por demanda, con una explosión desde afuera», cerró Alberto Taquini, director del board. «Nuestro aprendiz de hoy es diferente, averigua por su cuenta, navega la ubicuidad. El desafío es cambiar en función de la potencia del sujeto, no seguir empujando un tranvía equipado con la última tecnología».


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