Es emocionante ver cómo las concepciones no estandarizadas de la educación y los cuidados van llegando, también, a los espacios de interés público. Es el caso del jardín maternal oficial “Veyi Bianco”, que desde 2023 funciona en la ciudad emblemática de la biología marina en Argentina, Puerto Madryn. El edificio fue construido por el CONICET y está instalado justo entre la Universidad y el CENPAT, el Centro Nacional Patagónico del CONICET, referencia nacional y mundial en biología y manejo de recursos acuáticos y terrestres.
Destinado a niños y niñas de 45 días a 2 años, funciona en ambos turnos. A la mañana con tres salas multiedad por aproximación y a la tarde con una. Los investigadores tienen un descuento preferencial y prioridad en la inscripción, pero la propuesta está abierta a todas las familias de la ciudad. Su primera particularidad es que está gestionado por tres docentes con miradas que ponen foco en los principios del desarrollo infantil planteados por Pikler, Steiner y Montessori.
Guadalupe Quenard y Nadia Príncipe son Profesoras de Nivel Inicial, mientras que Yanina Panzerini es Profesora de Educación Física. Las tres ganaron el concurso para la dirección de la institución educativa, que tiene otra característica pionera: es la primera dentro del esquema nacional del CONICET, y se espera poder replicarla en otros lugares geográficos donde funciona el organismo: un respaldo de la academia a otras miradas acerca de la crianz ay la educación de las nuevas generaciones.
Durante la inauguraciónen 2023, el director del CENPAT, Rolando González-José, destacó que la institución “ha logrado cumplir con todas las fases de desarrollo edilicio, de proyecto pedagógico, de un proceso transparente, para mejorar las condiciones laborales de nuestro personal, y también para contribuir a la educación de Nivel Inicial de la ciudad a partir de la apertura de plazas en el Jardín. El próximo paso también es importante: poner a disposición toda nuestra experiencia acumulada a otros Centros Científicos Tecnológicos de la red institucional del CONICET para ir multiplicando esta iniciativa en otros lugares del país”.
También hay una historia especial detrás del nombre que lleva el jardín. Velia Bianco es una profesora de Letras retirada que vive en Rada Tilly, cerca de Comodoro Rivadavia. Muy querida en la comunidad del CONICET y la Universidad, “Veyi” es toda una eminencia de la educación transformadora. Trabajó junto a Olga Cossettini en su breve paso por la Dirección de Escuelas en La Plata, y desde entonces se ha dedicado a acompañar docentes y familias en la fundación de espacios de aprendizaje experimentales. “La Escuela del Molino” en Trevelin y “Las Calandrias” en Puerto Madryn son fruto de su prédica, por ejemplo, además de la “Cooperativa Olga Cossettini” de Capilla del Monte, en Córdoba.
No es nada usual homenajear en vida a una figura relevante. Por mi parte, bien merecido: además de que nunca se subió al pedestal, mantiene la frescura y la honestidad intelectual para desdecirse incluso de su propia obra. Para elegir el nombre del Jardín primero se hizo una consulta abierta a todo el personal, y de esas decidieron seleccionar aquellas que representaran mujeres o colectivos de mujeres, vinculadas a la ciencia, la educación y los derechos humanos. Quedaron cinco, y por mayoría se eligió el nombre de Veyi (abajo a la derecha en la foto).
Proyecto pedagógico
Conversé con Nadia para conocer más acerca del Jardín.
-¿Cómo es el proyecto pedagógico por el que ganaron el concurso para gestionar el Jardín?
-Las tres somos docentes y nos conocimos trabajando en un jardín que ya tenía una mirada alternativa sobre la educación y sobre las infancias. Si bien nos formamos en el sistema convencional de los profesorados, sumamos otra mirada que consideramos está muchas veces ausente en las instituciones educativas dedicadas a la primera infancia.
Es una edad tan vulnerable, tan sensible, que debe ser formada desde la ternura, el amor y el cobijo. Desde nuestra experiencia y observación entendemos que predomina lo homogéneo, y nosotras proponemos el respeto por las particularidades, acompañando las individualidades.
Y precisamente el enfoque del movimiento en libertad, la autonomía y la libertad con límites seguros es muy posible, incluso más fácil, de poner en práctica en estas edades tempranas, cuando todavía hay más flexibilidad y la escolaridad no presiona con un curriculum.
El nivel maternal está súper entrelazado con las actividades de crianza, con apoyar las necesidades básicas de los individuos, que es lo primordial a tener en cuenta a la hora de pensar en lo educativo no formal. Se trata de acompañar educativamente y profesionalmente todas estas necesidades: el movimiento en libertad, lo afectivo, los límites respetuosos.
Es un momento egocéntrico del ser humano porque está aprendiendo a ser en el mundo y encontrarse consigo mismo. Se aprende primero el límite propio para después poder entender el límite que presentan los otros, más llegando a los dos años. Y esa confianza que se va adquiriendo se puede leer en el cuerpo.
-¿Tienen salas separadas por edad?
-Trabajamos en tres salas pero como conocemos la riqueza de la multiedad los límites son más difusos. Tenemos una rutina de desayuno, momento de juego y expansión en la sala, la salida al parque. Los más grandes ya reconocen y nombran a los más chicos, los reconocen.
-Hay propuestas específicas de estas pedagogías relacionadas con la alimentación, el movimiento libre y los pañales, por ejemplo. ¿Las tienen encuenta?
-Claro. Pero lo hacemos siempre en comunicación con la familia. Nosotras acompañamos decisiones familiares y en ocasiones sugerimos también de acuerdo a lo que observamos y a las necesidades de ese niño o niña. Por ejemplo, en la sala de 1 año hay un momento de comer fruta que es común. El niño que viene de la casa con purés también va a ir observando ese formato que ofrece la sala de comer la fruta en trozos, y sobre lo cual las familias están al tanto. De la misma manera con la autonomía con la cuchara.
En la sala de bebés tenemos gran disponibilidad física, somos dos docentes con 10 bebés. Eso nos permite tener una visión individual, ver en qué etapa del movimiento está. Entonces podemos ofrecerle cierto objeto o mobiliario que le va a permitir seguir afianzando y finalmente conquistar ese proceso. Del mismo modo se pueden ver estas etapas evolutivas con los pañales. Acompañamos los procesos que empiezan en casa, pero también sucede que se motivan por ver a los más grandes ganar autonomía. En paralelo, brindamos a las familias los indicadores que vamos viendo.
Antes de forzar por un indicador de edad, tenemos en cuenta si una niña o un niño está preparado para sentarse a comer. Porque quizás hay ina indicación pediátrica de empezar a comer sólidos, pero físicamente todavía no se sentó. La comunicación con la familia es imprescindible, tiene que ser un trabajo en conjunto.
-La pedagogía Waldorf hace hincapié en la importancia de los ritmos.
-Sí, es como el ritmo de la respiración, con una contracción y una expansión. La energía de las infancias son un arroyo, y nosotras adultas les damos el cauce. Ese ritmo se compone de momentos como el desayuno, el juego espontáneo, salir y la lectura de un cuento. Además de ellos, esta organización y estructura nos ayuda a nosotras como docentes también.
-Económicamente, ¿cómo se sostienen?
-El espacio fue construido por el CONICET, que además hizo la convocatoria para la concesión. Pero somos un actor privado dentro de lo público: cobramos un arancel y no recibimos ningún subsidio, pero no pagamos ni alquiler ni servicios.
Las docentes cobramos como corresponde y tampoco queremos ampliar mucho la matrícula porque queremos que la atención sea personalizada, no lo imaginamos de otra forma.
El espacio es hermoso, las instalaciones están impecables y tenemos una vista hermosa al mar. Por eso también ofrecemos actividades a demanda por las tardes y los fines de semana, que complementan nuestros ingresos. Le queremos dar vida a este lugar como espacio cultural para la primera infancia.
-¿Las familias pueden continuar con una educación alternativa si quisieran, en otros proyectos de Madryn?
-Tenemos muchas familias donde hay hermanos mayores que ya están en Jardín, y para asegurar la vacante y la continuidad escolar se van a los dos años a otros jardines. En este momento, somos el único jardín maternal oficial que sólo funciona como tal, sin continuidad en el nivel Inicial o Primaria.
Y sí, hay más propuestas en la ciudad con esta mirada alternativa, como “Semillas de mi tierra”, “Filomena”, “Tierra de infancia”, “Las Calandrias” o “Vínculos de libertad”.
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