La mayoría de las escuelas Montessori nacen con ese enfoque. Por eso sorprende el caso de la Escuela del Alba, una institución privada y bilingüe en la ciudad de Lincoln, al interior de la provincia de Buenos Aires, que decidió adoptar el método para sus tres niveles.
Llevan 7 años en el proceso, me contó su fundadora Irene San Miguel, con quien conversamos por videollamada. La entrevista es larga, pero la transcribo completa porque vale oro asomarse a los detalles y dimensionar el esfuerzo y el entusiasmo necesario para encarar una transformación radical de la enseñanza.
-¿Cómo fue el origen de la escuela y por qué decidiste abrazar la filosofía Montessori?
-La escuela del Alba tiene casi 35 años y hoy cerca de 500 estudiantes. En su momento la intención fue dar una propuesta de calidad, innovadora y bilingüe, que viera al niño con una mirada integral. Así nacimos. Eramos docentes, pero también madres, ambos roles nos movían. Siempre la mirada estuvo puesta en el niño e íbamos tratando de encontrar nuevos caminos. Los adultos siempre estudiamos mucho, fuimos formándonos en diferentes metodologías. Hasta que allá por el 2016 nos encontramos con Montessori y nos dimos cuenta de que era una propuesta muy integral, que es lo que siempre habíamos buscado porque nos permitía seguir a cada niño, respetar la diversidad. Fue un desafío grande, porque la escuela ya esta altura tenía todos los niveles. Nos tomamos un tiempo para pensarlo y luego las primera cinco personas hicieron la primera formación como asistentes de Casa de niños en Mendoza. Fue revelador. Volvieron convencidas de que ese era el camino.
-¿Y cuándo empezó la transformación?
-En 2017 armamos un ambiente. Tres personas se formaron ya para guías de 3 a 6 años. Todo el jardín se transformó en Casa de niños, con tres ambientes porque la escuela ya era grande. No había manera de empezar con uno porque el contraste era muy fuerte entre lo que ofrecía Montessori y lo que ofrecía el resto del jardín.

-¿Cómo lograron equiparse?
-Es una apuesta muy grande, porque desde luego que hay que contar con el adulto preparado, y eso lleva tiempo, esfuerzo y un costo alto. Y el ambiente preparado significa la adquisición de materiales específicos que no se pueden improvisar. Si bien el adulto puede armar mucho material, otra gran parte hay que comprarla. En 2017 en la Argentina se fabricaba muy poco, recién ahora hay una oferta bastante más grande. Así que tuvimos que comprar en el extranjero, con lo que eso conlleva en el país en el que vivimos. Era comprarlo y entrarlo. El material es caro de por sí, y se encarece más por todo el trámite de entrada.
Conseguimos material también para Comunidad y luego Taller.
Las nuevas guías trabajaron muchísimo armando material de vida práctica, por ejemplo. Era ir de compras al Puerto de Frutos del Tigre para conseguir potecitos, bandejas. Con el correr del tiempo, ya conocemos proveedores, pero primero fue una una tarea sumamente artesanal y detectivesca.
-¿Cómo les comunicaron a las familias, que habían elegido otro proyecto educativo, de esa transformación?
-Tenemos una comunidad educativa muy receptiva, creo que era tanto el entusiasmo que los contagiamos. Cuando uno está convencido de lo que está haciendo y además le pone alma, corazón y vida, la gente supone que algo bueno va a salir. Fueron padres valientes que confiaron porque pensaron que, si están embarcando en semejante cambio, debe ser bueno. No nos habían elegido por Montessori, pero ahora te puedo decir que en el 2025 ya mucha gente nos elige por la metodología.
El el vínculo de confianza con la familia es básico y primordial, y debería ser así con cualquier metodología pedagógica. Acá la gente se jugó el poncho, dicho en en gaucho.
-¿Expresaron algún miedo cuando empezaron los cambios?
-Al principio, especialmente en Primario, estaban preocupados por si iban a aprender matemática, qué iba a pasar cuando llegara a la a la universidad. Hay mucha desinformación y se confunde la independencia con el libre albedrío. Hasta que se dieron cuenta que era sumamente estructurado. Uno puede elegir los tiempos y puede elegir algunas cosas, por ejemplo, los temas de investigación. Esos miedos fueron aflojando. Los profesores de secundario, por ejemplo, observan grandes avances en varios aspectos, no solo en la independencia: en el modo de razonar, avances en matemática. Así que ahora las familias están contentas.
-Después avanzaron sobre la Primaria.
-Sí, cuando hicimos la transformación de Casa de niños sabíamos que ahí no más se nos venía Taller 1. Así que ya habían empezado a formarse cuatro guías de 6 a 9. Y como una de las bases de Montessori es la multiedad, no queríamos a nuestros niños de cinco años mandarlos solitos, así que empezamos una especie de trabajo de inmersión de algunas horas por semana de los niños que estaban en primario. Para que conocieran las reglas básicas del ambiente, los materiales; era como una degustación de algunas horas porque ellos seguían con clase tradicional. Para esa transición nos ayudaban las guías de Casa de niños. Y de nuevo hicimos la pesquisa de materiales y nos lanzamos a la aventura de Taller en el 2020. Tuvimos una semana de clase y comenzó el aislamiento por la pandemia.
-¿Cómo se las ingeniaron?
-Fue una prueba de fuego porque estábamos tratando de ubicarnos en un aula de Taller. Pero fue un desafío y un trabajo en equipo impresionante. Montessori no es amigo de las pantallas, y en Casa de niños decidimos no usar pantallas durabte toda la pandemia. Las cosas más exóticas se inventaron, y con los chicos de Taller de manera muy dosificada y con material que la gente venía a retirar.
Después de eso dijimos que ya todo sería cuesta abajo, como les pasó a todas las escuelas del mundo, no somos ninguna excepción. En nuestro caso lo único es que nos tocó empezar con Taller. Así que, ante cada decisión, nos hacíamos la pregunta: ¿esto respeta la educación Montessori?
-¿Seguían formándose guías?
-En el 21 pudimos empezar el Taller 1 como corresponde. Y sí, se empezó a formar otra camada. La formación de guías de Taller en Argentina dura 3 años. Cuando terminó la primera camada, enseguida se empezó a formar otra, y lo mismo fuimos haciendo con Casa de niños, porque el recurso humano es imprescindible, no podés improvisarlo. Y también hay que pensar en el recambio.
-¿Qué pasó con el Secundario?
-Empezamos con Comunidad de adolescentes en 2024. De nuevo, nuestros niños terminaban Taller y no los podíamos lanzar a la educación tradicional. Tuvimos un debate interno y externo muy grande y consultamos a todo el mundo. Si empezábamos con primer año, no respetábamos la multiedad, así que ganó la opción de transformar todo el secundario.
Ya habíamos probado y sabpiamos que el contraste iba a ser muy fuerte. De hecho, secundario estaba muy celoso de primario porque veían ventajas respecto a la independencia, el manejo de los tiempos.
El ambiente preparado disminuye absolutamente en secundaria, ya no hay material concreto específico, pero el adulto preparado hay que tenerlo. Así que nos fuimos a México, porque todavía en Argentina no hay formación de guía de Comunidad de adolescentes. Hoy tenemos tres guías y ahora en octubre se el cuarto. El resto pudo hacer la formación de fundamentos o asistente de Comunidad de adolescentes, una gran parte en Praga y otra parte en un centro de entrenamiento de México que lidera Guadalupe Borbolla.
Aunque uno desde el primer momento ve los cambios, este segundo año es mucho más lindo. En materia curricular, el secundario tiene mucho más trabajo, y eso este año se ha organizado mucho mejor en el sentido de las ocupaciones que tienen los chicos.

-Contame sobre la reacción de los chicos y las chicas a los cambios.
-Los más grandes estaban celosos, sí. Ellos fueron a la “La noche silenciosa”, que suele hacerse con padres y familias para que conozcan cómo se trabaja. Pero además sabían lo que pasaba con los hermanos, que no llevaban deberes, por ejemplo. Y se ve que eso les resultaba insoportable.
Pero también nos pasó algo con los que terminaban el secundario cuando les hablamos de la multiedad y les dijmos que los íbamos a mezclar a ellos, que eran los egresados. Tuvimos un primer mes de resistencia. Le buscamos la vuelta para que hagan algunas actividades juntos, pero después se olvidaron, porque lo pasan muy bien, se trabaja muy lindo con la multiedad, y eso lo veo en todos los niveles.
-¿Observaste que mejora la convivencia?
-Parece algo de más chicos, pero el adolescente también tiene posibilidades de relacionarse socialmente no sólo en su grupo, sino con los que son un poquito más grande y un poquito más chicos, les hace mucho bien. Ayuda que el trabajo es muy tranquilo en Montessori en general, aunque el primario es el más ruidoso por naturaleza. Pero, cada uno atiende su juego, entonces hay un cierto orden. En los 2000, cuando empecé a mirar los primeros videos de Casa de niños y veía la edad de las guías, pensaba: «¿cómo esta mujer puede resistir?» Claro, después me di cuenta de que se aprovecha muchísimo la experiencia, hay mucho trabajo previo de planificación, pero después la estadía en el ambiente de trabajo es muy grata. No tenés que renegar.
-Como se trata de una inversión importante en formación, es necesario un compromiso fuerte de parte de los docentes. ¿Cómo lo lograron?
-En principio sí, había que adherir, entusiasmarse y decir: “yo quiero ir estar acá, me quiero formar”. Tuvimos muy pocos docentes que no quisieron seguir porque querían seguir con su salita en Jardín, y eso no iba a existir más. Por otra parte, la formación Montessori requiere una parte que no es solo académica, sino que exige un cambio de mirada, un cambio de postura, y el docente tiene que ser capaz de correrse para que que realmente el protagonista sea el niño. Y eso en algunos casos cuesta, no por mala intención, porque hay excelentes maestros tradicionales que logran enseñar muy bien, pero que son el centro de la escena. Y eso acá se acabó: vas a estar observando, planificando, presentando, acompañando.
Pero en general la gente se entusiasma. Viviendo en Lincoln, un docente que se quiere formar te pass dos o tres veranos en Buenos Aires, un mes de primavera en México. Perdés tus vacaciones, dejás tu familia, así que tenés que tener un convencimiento muy grande.
-Cómo se organiza la secundaria, teniendo en cuenta que el curriculum argentino exige conocimiento dividido en materias.
-Mirá, eso también me lo ha enseñado la experiencia. Aunque Montessori no exige ser docente para convertirte en guía, creo que en lo posible quien se forma debe serlo. Si vos querés tener un un docente en planilla en una escuela formal, tiene que que tener el título que el Estado requiere.
En secundario se trabaja con proyectos multidisciplinarios. Los profesores de distintas áreas arman, por ejemplo, los 3 años de la currícula de Historia combinados con Geografía y con Literatura. Entonces, el trabajo de planificación es muy pero muy grande, y después es muy gratificante.
-¿Qué tiempo usan para todo ese trabajo previo?
-Los maestros en general nos tomamos un tiempo en enero, pero después, aunque no vayas a la escuela, seguís pensando. En diciembre solemos estar todos muy cansados, así que es muy difícil la parte creativa. Por eso usamos febrero. Además, una vez por semana tienen su reunión semanal guías y asistentes de cada ambiente. Y una vez por mes hacemos lo que se llama tiempo institucional compartido, que es un espacio en que se reúne toda la escuela, que puede ser sábado o una tarde de viernes. Ahí aprovechamos a abordar cuestiones de toda la institución y también cada nivel trata sus asuntos.
-¿Cómo tomó la supervisión escolar este cambio?
-Hemos tenido buenas experiencias. El ser una escuela ya armada te permite algunas cosas que, cuando te tienen que autorizar, es menos sencillo, ¿no? De de hecho, para armar Casa de niños, creíamos que teníamos que presentar un proyecto, aunque ya tuviéramos el número y todo. Presentamos el proyecto, donde comparábamos la currícula Montessori con la currícula de la provincia de Buenos Aires, para demostrar que todo lo que la provincia exige está. Tenemos la aprobación del Estado provincial como Jardín Montessori. Cuando empezábamos el primario, hicimos todo el mismo trabajo. Estuvimos como un año, con idas y venidas, hasta que una asesora de Dirección General de Escuelas nos pregunta por qué lo estábamos haciendo. «Porque creemos que así debe ser”, le respondimos. «No, ustedes están equivocadas. No necesitan una autorización como escuela Montessori. Ustedes están autorizadas como escuela, y en tanto y en cuanto respeten la currícula de Provincia, pueden elegir la metodología que prefieran”, nos dijo en ese momento. Así que nos quedó el proyecto de los contenidos comparados para Taller 1 y 2, pero no fue necesario que lo aprobara la provincia.
Y hace unas semanas hubo un cambio de supervisora de nivel secundaria y se acercó para conocer la escuela. A veces se les hace difícil porque hay cosas que son distintas, pero el encuentro fue sumamente agradable.
-¿Te acordás de anécdotas o cosas que hayas observado en estos años de cambio?
-No recuerdo anécdotas específicas, pero sí te puedo decir que se ve un gran avance en lo que es independencia. En Taller hay muchas salidas, porque en el segundo plano del desarrollo ya empieza a necesitar mover los pies para recorrer y explorar con el cuerpo y también con la mente el mundo. Entonces, ocupa un lugar importante las visitas que ellos mismos gestionan en pequeños grupos. A partir de una investigación deciden que pueden buscar información interesante afuera de la escuela. Con 6, 7, 8 años buscan en una lista qué padres pueden llevarlos, los llaman por teléfono, hacen el plano para llegar al lugar indicado. Guían a los padres para llegar, hablan con la persona del lugar que quieren visitar, pidiendo permiso, averiguando horarios. Ver todo eso en niños tan pequeños es maravilloso. Los escuchamos hablar por teléfono en la zona de Dirección, vemos cuánto aprenden de normas de cortesía, un montón de cosas que es muy interesante verlos.
En Casa de niños también. Se dice que allí ocurre la explosión del lenguaje, ¿no? Yo soy profesora de Literatura, y se ve que cómo, cuando uno realmente observa y planifica, desde muy pequeños empiezan a tener un interés muy grande por los sonidos y se alfabetizan muy pequeños. Cuando aprovechás el momento, ves los descubrimientos en niños de 4 años. Es tarea de un ambiente Montessori es tener siempre material de lectura. Ellos todas las semanas tienen un libro para leer, y se hacen ateneos de lectura semanales desde muy chiquitos: es impresionante cómo se logra el hábito.

-¿Qué hacen para evaluar los aprendizajes? La evaluación tiene que seguir existiendo porque es una demanda del sistema, me refiero a las calificaciones.
-Es algo que estamos debatiendo internamente, y aún no llegamos a puerto seguro, pero ahí estamos. Lo que siempre hay que evaluar en un niño es la evolución, y eso con cualquier método, no importa que sea Montessori. Comparar al niño consigo mismo. Si un niño evoluciona, ahí va, estamos tranquilos. Y en Montessori lo que nosotros vemos es el trabajo. Si un niño trabaja, eso es lo que se califica. Y eso es lo que hacen sus informes narrativos, además de la calificación, que es la que la normativa obliga. Nosotros hacemos dos veces al año un un informe evaluativo más descriptivo y tenemos entrevistas con cada familia para conversar sobre el niño y se hacen en acuerdos con la familia si hay algo que la escuela observa, para ver de qué modo se puede trabajar en forma conjunta. Eso queda escrito en la próxima entrevista, cuando se lee el acuerdo y se ve si se ha podido trabajar comprometidamente.
En Montessori no existen exámenes, pero sí hay desafíos. Que al docente le permite ver cómo va la cosa: son desafíos que hacen en diferentes momentos. No son todos a la vez, sino que a lo mejor esta semana hay tres desafíos de matemática y cada uno lo hace en el momento que que le parece oportuno, pero al terminar la semana tiene que estar hecho. Eso y el material en sí mismo que permite que vos te des cuenta si el niño lo aprendió o no o hay que practicar un poco más. Para ellos es importante, porque como muchos materiales son correlativos, ellos tienen especial interés en terminar la caja gramatical tres para pasar la caja gramatical cuatro, por ejemplo. Tienen entusiasmo por avanzar.
-¿Podés describirnos el contexto de Lincoln y lo que buscan las familias en materia educativa?
-Lincoln es una ciudad chica, con unos 35 mil habitantes. Cuando empezamos, la mayor parte de la población de la escuela venía del sector agropecuario. Ahora ya no son los únios, hay de todos los rubros y familias que apuestan fuerte a la educación. También familias que se habían venido a vivir y venían de una educación bilingüe. Y hoy ya vienen también hijos de ex alumnos.
Para la gente de nuestra ciudad al principio fue todo un desafío pensar que un niño podía estar más de 4 horas en la escuela. Pensaban que se iban a cansar. Escuchamos todos los argumentos y nosotros insistiámos en que lo que proponíamos era una educación integral. Que cuando el niño salga de la escuela, juegue en la casa. Que no tuvieran que llevarlo a inglés, a danza, es decir, que pudiera hacer la mayor parte de sus actividades en la escuela. Ya cuando son un poco más grandes, claro, pueden ir a un club o tener un hobby especial.
-¿Hay otras alternativas en la zona?
-Te diría que sí, es un fenómeno que no pasó sólo en Lincoln. Cuando nosotros nacimos también surge una escuela muy similar en Pehuajó, en América y en Trenque Lauquen. No son escuelas Montessori ahora, pero sí con características similares. Allá por los años ´90 algo se removió.
-¿Cómo se adaptó la planta arquitectónica a esta nueva práctica pedagógica?
-Ampliamos y casi duplicamos el tamaño de la escuela. Ya teníamos una forma de escuela triangular, donde todos los ambientes tenían su propia salida hacia afuera, con su propio espacio externo. Y este próximo verano vamos a ampliar los ambientes de secundario. Vino Eder Cuevas desde México a verlos y él también cree que conviene.

-¿Se han acercado escuelas cercanas a conocerlos y ver cómo están trabajando?
-Este año justamente empezó a funcionar en Junín otra Escuela del Alba. Havía rato que un grupo docente nos pedía llevar nuestra impronta allá, pero les decíamos que para las escuelas eso de “poner una sucursal” no va; no nos animábamos. Pero finalmente nos decidimos y recorrimos los institutos de formación docente buscando quién quería formarse. Dos chicas que estudiaban para Inicial hicieron su capacitación Montessori para Casa de niños y se vivieron a vivir a Lincoln para trabajar mientras estudiaban. Se sumó una tercera persona, Julieta Ratto, que había hecho por su cuenta la formación en el extranjero y se había vuelto. Así que empezamos en Junín con Comunidad y Casa de niños y en 2026 arranca Taller. Se alquila una casa que ya vemos que está quedando chica.
-Como escuela bilingüe, ¿de qué manera lo combinan con el método?
-En Casa de niños es más sencillo, porque la guía habla en español y la asistente, en inglés. Pero no pudimos aplicar ese esquema en Primario, no hay tantos profesores de inglés en para estar esa cantidad de horas en un ambiente. Lo compensamos trabajando mucho con las profesoras para tratar de “montessorizar” lo más posible el idioma. Ana Camila Jiménez, formadora de Taller, nos explicó que las únicas que tienen permiso para dar presentaciones de lenguaje, aunque no sean guías, son las maestras de inglés con su certificado de asistente Montessori. De todas formas, hay en este momento una movida en el mundo respecto al bilingüismo en Montessori. Había un grupo de estudio en Praga cuando se formaron nuestras docentes. Es algo que se está analizando y se está trabajando en diferentes experiencias en el mundo.
CONTACTO con la Escuela del Alba:
Web: https://escueladelalba.edu.ar/?page_id=7
Instagram: https://www.instagram.com/escueladelalba/ y https://www.instagram.com/albamontessorijunin/

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