Así es el primer centro gratuito de aprendizaje ágil en Argentina

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Estos días visité la nueva casa de Proyecto C, el primer centro de aprendizaje ágil del país en Buenos Aires, en el barrio de Chacarita. Como en una colmena, abejas atareadas subían y bajaban, rasqueteaban paredes, limpiaban estufas y trapeaban pisos. Están poniendo a punto los espacios para los 4 centros que funcionarán para niños, niñas, jóvenes y adultos desde los 2 años, cada uno coordinado por una pareja de personas especializadas en cada etapa de desarrollo.

Pero, ¿qué es el aprendizaje ágil? No se asusten: no es una moda pedagógica más, sino un nombre gringo para seguir quitando los vestigios de escolaridad a la educación que tan desesperadamente queremos transformar. Se trata de restaurar el entusiasmo natural por el aprendizaje acompañando con herramientas flexibles la educación autodirigida dentro de una comunidad de pares. El movimiento ágil se inspira, probablemente, en un grupo de desarrolladores de software norteamericanos que hace 20 años en un manifiesto dijeron que hay que simplificar los procesos, poner en el centro la motivación de los individuos y volver a trabajar cara a cara. Lo hacían, en principio, reaccionando a la velocidad de los cambios que se presentaban en la industria, y rápidamente sus ideas fueron adoptadas para la cultura organizacional en todos los rubros.

Tal como se explica en este sitio web que congrega a varios centros en el mundo, las bases son tres: el aprendizaje autodirigido, porque los humanos son aprendices naturales que se comprometen profundamente cuando siguen su curiosidad y sus intereses, adquiriendo en semanas lo que la escuela suele dividir en años. La creación de cultura, porque en un entorno donde se sienten respetadas las personas brillan creando una comunidad donde la confianza y la comunicación prevalecen. Por último, las herramientas y prácticas ágiles mejoran el intercambio, ayudan a definir los propósitos e integrar la diversidad y los cambios en los grupos. Apelan a la metáfora de un árbol asentado sobre la tierra, que es la confianza, y con 12 ramas o principios que guían toda la actividad.

Detrás de Proyecto C está Germán Doin, que ya hizo una película y tuvo hijos. Le tocaba, claro está, plantar una escuela. Le tomó nada más que siete años, y cuando se lo propuso, lo hace sin medias tintas. Es un gran investigador y un buen aprendiz: supo observar todas las escuelas, experiencias y personas que conoció en el mundo, con el tamiz de las diferentes épocas y culturas, y tomó dos decisiones importantes. En el plano de la mirada pedagógica eligió la autoeducación en comunidad y en contexto, sin casarse con un método en particular. Y en el de la sustentabilidad apuesta al financiamiento integral para garantizar el acceso abierto y gratuito.

Por eso, la nueva casa está en un barrio que se está transformando y tiene un local propio cuya producción aportará a la economía del centro junto con los aportes de colaboradores y organizaciones dispuestos a co-financiar esta propuesta. También se puso en marcha una campaña de financiamiento, que busca captar desde aportes mensuales hasta materiales y trabajo. Por último, a las familias se les pide integrarse a una cooperadora de madres y padres para ayudar a sostener los gastos corrientes.

La construcción comunitaria es protagonista desde el nacimiento de Proyecto C, así que a Germán lo acompaña un equipo fundador de 8 personas: Mabel Oddone, Constanza Monié, Julian Mazza, Mercedes Peralta, Milton Kalbermatter, Carolina Maren, Andrea Kraus y Denise Lagó. Son profesores, maestros, psicólogos y artistas. Pero también se van congregando adultos con distintas formaciones, dispuestos a colaborar con lo que saben. Padres y madres con hijos que no van o no quieren ir a la escuela, otros que sí van pero buscan otra forma de ser acompañados.

El Proyecto C también es central, al menos para mí, porque condensa y potencia el trabajo de años de otros proyectos educativos que en Argentina vienen animándose a crear lo nuevo sin pedir demasiado permiso. Apostando a que el bienestar cotidiano y los aprendizajes significativos en la vida de las personas traiga, ojalá en un futuro cercano, la legitimidad en nuestros entornos sociales.

Acá abajo les dejo un video de entrevistas con algunos de los protagonistas para que los conozcan un poquito más, pero no dejen de visitarlos en persona y sumarse como co-creadores.

Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

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