La monja Montse ya es gurú en Argentina

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“Los moldes, para la repostería” dice una de las diapositivas que nos muestra Enric del Pozo en la primera presentación pública de Tekman en Argentina. Cuando lo encuentro más tarde por los pasillos, me entero de que comparte apellido porque es el sobrino de Montserrat del Pozo, la monja catalana que está dando que hablar en el mundo de la educación hispanoparlante.

Tekman es la empresa que este abogado y padre de dos hijos pequeños armó para su tía cuando otras grandes editoriales del rubro le dijeron que lo que quería hacer no servía. Hoy debe haber varios arrepentidos en la madre patria porque les saca una buena tajada en el mercado y en nuestro país, sin demasiada publicidad, ya hay más de 80 colegios que compraron el sistema, con sus 600 docentes que hacen formaciones continuas con Hacer Lazos.

En realidad Montse es venezolana. Se mudó con su familia a Barcelona a los 10, estudió filosofía e imagen y sonido y después se metió a monja en una pequeña orden catalana. Es de las pocas figuras un tanto outsiders del mundo de la educación formal que llega con decisión para tirar la bomba. Y quedarse. Hoy sus ideas se aplican en 1000 colegios del mundo en contextos muy diferentes, ricos y pobres. María Eugenia Di Tullio es la argentina que viajando por el mundo buscando innovación se topó con ella, decidió que era lo mejor que había visto y la trajo. Es la Directora General de la Fundación Hacer Lazos.

Los casi 300 asistentes a la presentación oficial en el Hipódromo de San Isidro en este día polar de Julio escuchamos que Enric dice que Linkedin dice que las nuevas competencias para educarnos y encontrar empleo son: creatividad, liderazgo y gestión de equipos, inteligencia emocional, desarrollo personal y habilidades comunicativas. Montse ha sido más sencillita en algunas de sus charlas y ha dicho que los docentes tienen que volver a amar a sus alumnos.

Yo coincido con Montse, a veces es simplemente eso. Pero es curioso cómo los humanos nos sentimos más cómodos cuando detrás de esa verdad se monta una industria, un método o un gurú. Es como si hubiéramos perdido nuestra capacidad de creadores para convertirnos en consumidores, en perseguidores del santo grial de la educación buena, bonita y barata. Barata depende de para quién y en relación a otras ofertas de sistemas pagos: en este caso, el acceso a los materiales y programas Tekman cuestan 30 euros por alumno de educación preescolar, por año, y 55 para los de primaria y secundaria.

¿Pero cuál es exactamente la propuesta? Hay una suerte de trinidad: las matemáticas, la lectoescritura creativa y el ajedrez. Todas se abordan con el paraguas de la teoría de las inteligencias múltiples bien abierto: se usan materiales manipulativos, juegos, trabajo cooperativo y lo que llaman “cultura del pensamiento” (la reflexión sobre el aprendizaje al final de cada módulo: la metacognición que hoy está tan de moda). En el aula, los primeros 5 minutos se dedican a la gimnasia mental, luego se presenta el tema (ellos prefieren llamarlos ciclos en vez de unidades) y al final se dedican otros 5 minutos a la reflexión. Como último paso, explican, la evaluación es continua, transparente y tiende hacia el objetivo de la autorregulación del aprendizaje.

EMAT es el programa de matemáticas de 3 a 12 años. Es el que trabaja con personajes creados especialmente para los preescolares, cubos de colores (las regletas, los materiales Montessori y los Bancubi son sus antecesores) y actividades que priorizan el movimiento y la expresión artística. ONMAT es el de secundaria, con ciclos que incluyen Geometría, Funciones, Estadística, Probabilidad, Números y Algebra, cada uno dividido en Tramos y Steps con objetivos a corto plazo. Se usa la clase invertida: lo menos complejo se hace en casa y lo más difícil en la escuela. El uso intensivo de la tecnología y la “ludificación” tienen el sentido de llegar hasta los jóvenes, “no de mantenerlos enchufados”, aclaran.

Yo en este punto tengo que aclarar mi reserva ética: por más amigable que sea una propuesta, el trabajo escolar en casa atenta contra el derecho al libre uso del tiempo que los chicos y las chicas deben tener para sus propias vidas, las de sus familias y los aprendizajes que no ocurren en la escuela. Así como los adultos que trabajan 8 horas no deberían traer tarea a casa para de verdad poder conciliar.

A Montserrat la conocí por videoconferencia. Desde su despacho, con sus hábitos y su cruz al pecho, citó a Freinet para hablarnos de motivación: “no demos de beber a un caballo que no quiere beber”. Para que alguien esté motivado primero debe haber bienestar personal, aclaró y amplió: los niños deben ser protagonistas pero necesitan ser guiados. Mi reflexión acá es la de siempre: la educación directiva, incluso con los métodos más innovadores, suele no dejar espacio para la motivación intrínseca. Es muy difícil que se genere como hábito autorregulado si los adultos seguimos pensando y actuando que “hay que motivarlos, hay que enseñarles a cooperar, hay que hacerlos jugar”.

También analizó las razones que suelen llevar a una escuela a cambiar: los problemas económicos, el fracaso escolar y la aparición de un nuevo liderazgo entre los directivos. Según su experiencia, en tres años una escuela puede dar un giro importante si se lo propone.

A su sobrino Enric lo encontré en un recreo de la presentación. Se me ocurrió preguntarle cómo había pasado de abogado a CEO de la tía y me contó que esto de poder ayudar a los chicos y las chicas lo había motivado, un sentimiento que jamás había experimentado en toda su escolaridad ni en su época de universitario, a pesar de haber sido un buen alumno. Cuando le pregunto si se inspiraron en otras pedagogías me dice que claro, que son un programa ecléctico y que no sólo venden libros y aplicaciones informáticas. Que más bien acompañan todo el proceso de cambio, desde evaluar cómo está la escuela hasta reunirse periódicamente de forma presencial o virtual, más toda la adaptación y formación del equipo.

Argentina siempre ha mirado a España a la hora de pensar políticas públicas de Educación. Este último gobierno, sin embargo, ha coqueteado con Suecia y con Finlandia, aunque yo no he detectado hasta ahora frutos de esa relación pasajera. Las escuelas privadas, por su parte, hace ya unos años parecen haber apuntado sus telescopios a Montessori, a Reggio Emilia y a todo el movimiento de innovación catalana que incluye a la red Escola Nova 21, una suerte de compromiso de cambio que reúne a escuelas de todo tipo y a los gobiernos regionales por un plazo de 3 años que termina en este 2019.

Son esperables estos vientos frescos desde Cataluña, que es cuna de anarquismo y de la famosa escuela de Francisco Ferrer i Guarda. Cuando le pregunto a Enric si conoce a la Red de Educación Libre de Barcelona (la que me ha inspirado para fundar Tierra Fértil y educar a mi hijo), me dice que claro, y me da pie para preguntarle qué opina. Él cree que el docente es necesario y que hay que sistematizar los aprendizajes, y que por eso hasta ahora en su empresa no tienen mucho para ofrecerles a las familias de los proyectos, a los homeschoolers ni a los unschoolers. “Todavía en España la educación sin escuela está mal vista. Pero sabes, precisamente hace unos días hablamos con Montse sobre cómo está creciendo esto…”.

Sigo caminando por el salón enorme, rodeo el juego de ajedrez gigante, chusmeo los libros y materiales que están a disposición y llego hasta el papelógrafo donde nos invitaron a dejar nuestras dudas e inquietudes. Veo que no son muchas, la organización ha sido precisa para abordar cada tema. Pero es curioso, los dos papelitos que leo expresan un poco lo que siento: alguien se pregunta si no podemos nosotros en nuestro contexto crear nuestros propios materiales con el mismo espíritu… Pues claro: según he vivido e investigado el quid de la cuestión no son tanto los materiales y los métodos sino las actitudes humanas y los objetivos que cada escuela dentro de su comunidad, e idealmente con autonomía, desea perseguir.

Ahora camino buscando un testimonio. Como suele suceder, hay pocos hombres, una proporción que a simple vista y con toda la furia llega a 10%. Encuentro a uno que lee y lo interrumpo. Es Ariel, rector del Colegio Aula 21 de Buenos Aires. Como se ha hablado mucho de las inteligencias múltiples en la mañana, me cuenta que la dueña de la escuela donde trabaja fue la primera en traer a Howard Gardner a la Argentina. Dice que ellos también están “dando más espacio a los chicos” y trabajando los tiempos dentro del aula. Cree que siempre es bueno tomar distancia de las modas y que de esta propuesta le gusta mucho la sistematización.

En el último panel se presentaron directoras, docentes y una madre de 4 escuelas que ya usan el programa de Tekman: Godspell, Santa Inés, Michael Ham y Las Cumbres. Pilar Carli, del Santa Inés, explica que en su carrera ha visto pasar muchos cambios cosméticos, pero que esta vez ve a los docentes muy conectados entre sí, compartiendo y contándose sus avances, y a los padres muy entusiasmados. “Veo el plan estratégico que escribimos en el 2017 y todavía nos falta un montón, pero estamos yendo”, termina.

Texto y fotos: Dolores Bulit.

Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

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1 Respuesta

  1. Jacinto Campos dice:

    Muy bueno la difusión de alternativas a una concepcion educativa -y consecuente método- que se han demostrado claramente inhábiles para preparar al educando para los requerimientos del Siglo XXI. Gracias Dolores

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