Brasileños que educan sin escuela: ¿clandestinos?

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Ayer el Supremo Tribunal Federal de Brasil rechazó la opción de los padres y madres a elegir educar a sus hijos e hijas fuera de la escuela. Con excepción de Luis Roberto Barroso, todos los ministros votaron en contra, argumentando que, para ser reconocida, esa posibilidad debería ser reglamentada por el Congreso.

Todo empezó cuando una familia de Canela (Rio Grande do Sul) avisó a la secretaría de educación local que quería educar a su hija en casa, en ese entonces de 11 años. La opción les fue negada y comenzó una escalada judicial a la que le siguieron más casos en otros estados del país. Sin embargo, las decisiones judiciales habían sido suspendidas hasta su tratamiento en el Superior Tribunal ayer en Brasilia.

La  Associação Nacional de Educação Domiciliar (ANED) estima que hay 15 mil familias que lo hacen en ese país. Su presidente, Ricardo Dias, dijo que el movimiento de padres y madres homeschoolers lucha por una educación de calidad para sus hijos. “Es necesario entender que no pedimos el fin de la escuela, apenas admitir que no puede ser absoluta. Es un paradigma muy grande, pero creemos que la prioridad para elegir la debe tener la familia, no el Estado”. Mañana viernes la Asociación publicará en su página de Facebook un video donde explicará los alcances de esta decisión judicial y los siguientes pasos para promover un proyecto en el Congreso.

En su web la ANED explica el principio jurídico por el cual esta práctica no puede ser considerada ilegal. “La educación en casa no está prohibida expresamente por ninguna norma u ordenamiento jurídico brasileño, sea constitucional, legal o reglamentario. Tampoco está expresamente permitido o reglamentado en una norma porque es un fenómeno que sólo se ha empezado a discutir recientemente. Existe una laguna al respecto en la legislación nacional y eso alcanza para, de forma preliminar, declarar su validez, pues la constitución federal tiene como uno de sus pilares el principio de la legalidad (Art.5°, II), que considera lícita cualquier conducta no expresamente prohibida por la ley”.

La Fiscalía y el Consejo Nacional de Educación se habían manifestado en contra con el argumento principal de que la escuela es el único lugar donde “se aprende a reproducir la sociedad donde la ciudadanía será ejercida”.

Seguí el caso de cerca porque en Argentina la situación es calcada: no hay reglamentación alguna y nuestra Constitución se rige por el mismo principio de legalidad. Igual que en el país vecino, hay familias que seguimos educando sin escuela a pesar de la falta de normativa. ¿Eso nos convierte en clandestinos? Sí. Nos complica cuando necesitamos validar conocimientos para entrar al sistema formal en cualquiera de sus niveles o cuando encaramos proyectos colectivos donde el aprendizaje ocurre de forma distinta a la reglamentación escolar oficial.

Como consecuencia, muchas familias viajan a la ciudad de Buenos Aires acompañando a sus hijos a rendir examen libre porque es la única jurisdicción que contempla y facilita efectivamente esta opción cabalmente en su reglamento escolar. La clandestinidad también propicia el miedo entre quienes intentan salirse del molde y generar espacios alternativos de aprendizaje.

Paula Lago, madre y maestra, pionera en la investigación de los aspectos legales de la educación en el hogar en nuestro país, opina “que se regule la educación en casa ahora puede, incluso, perjudicar más que ayudar. Que esté regulada significa que nos impondrían cómo llevarla adelante, cuándo, con qué parámetros, etc. A la larga, dejaría de ser un derecho natural para devenir en un deber más. Y si bien derechos y deberes están relacionados, no son lo mismo” (1).

Ella y todos los que abrazamos el paradigma de que sean los chicos y las chicas quienes guíen su aprendizaje, reconociendo su derecho a elegir desde pequeños y su capacidad de aprender más allá de un curriculum, sabemos que la escuela no es ni el único ni el mejor lugar de construcción de ciudadanía. Lo saben también los movimientos sociales que han creado sus propios paradigmas educativos para romper con la reproducción hegemónica de una lógica industrial y de consumo de la educación como un bien certificado, masivo y uniforme. Lo sabemos bien quienes de pronto comprendimos que la escuela no nos preparó para tomar decisiones porque, simplemente, no es una institución democrática para los niños y niñas, aunque pueda serlo para los adultos con las mejores intenciones.

Si quieren saber más sobre construcción de ciudadanía en la escuela y espacios de educación no formal, pueden buscar algunos de estos recursos:

(1). Página 102. “Más allá de la escuela. Historias de aprendizaje libre”. Constanza Monié y Cesilia Roja, comp. Orejas de burro Ediciones, Buenos Aires, 2018. 

Imagen: ANED Brasil

Dolores Bulit

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1972. Mi educación formal ocurrió en el jardín Casa de los Niños fundado por Elena Frondizi, la Escuela Normal Nacional en Lenguas Vivas “John F. Kennedy” y la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Mi educación no formal se amasó en una familia numerosa, presente, matriarcal en medio del patriarcado, de clase media profesional. Sin presiones curriculares o extracurriculares, con mucho tiempo y enorme oportunidad para el juego libre en la ciudad y en el campo. También me eduqué en mis empleos y en mis viajes, en mi pareja y con mi maternidad, con todas las personas que pasan por mi vida y a través de mi experiencia más reciente y transformadora con la gestación de Tierra Fértil, un espacio de aprendizaje basado en el juego y la autogestión con 8 años de historia.

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